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Sánchez cede a Cataluña y abre la puerta a más exigencias: Pradales visita La Moncloa este martes

Este acuerdo consolida una realidad indignante: en España hay ciudadanos y regiones de primera —Cataluña y los catalanes— y otros de segunda. Un agravio intolerable para el resto de los españoles

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de la Generalitat de Catalunya, Salvador Illa.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de la Generalitat de Catalunya, Salvador Illa.David Oller / Europa Press

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Pedro Sánchez ha convertido su permanencia en La Moncloa en una subasta donde los separatistas catalanes fijan el precio. La reciente cesión de competencias fiscales a Cataluña no es solo una muestra de debilidad, sino de una desesperación absoluta por mantenerse en el poder. Cuanto más frágil es su posición, más alto le suben el alquiler los independentistas, y ahora, acorralado por su soledad parlamentaria, los casos de corrupción que salpican su entorno y los escándalos personales —como los relacionados con los burdeles de su suegro—, Sánchez está dispuesto a pagar cualquier coste, aunque sea a expensas de España.

Este acuerdo consolida una realidad indignante: en España hay ciudadanos y regiones de primera —Cataluña y los catalanes— y otros de segunda. Un agravio intolerable para el resto de los españoles, que ven cómo el trato preferencial hacia Cataluña mina los principios de equidad y solidaridad que deberían sostener el país. Mientras el resto de las comunidades autónomas observa con incredulidad, Sánchez sacrifica la igualdad entre españoles para contentar a sus socios de Junts y ERC, evidenciando un desprecio flagrante por la cohesión nacional.

El problema no se detiene en Cataluña. Esta cesión desencadena una espiral de exigencias sin fin entre los socios nacionalistas. El lehendakari Imanol Pradales visita este martes La Moncloa con su propia factura, sabiendo que Sánchez no solo depende de los catalanes, sino también del PNV y Bildu para apuntalar su frágil mayoría. Esta dinámica de concesiones perpetuas convierte al presidente en rehén de sus aliados, cada uno exigiendo más a cambio de su apoyo.

Si Sánchez logra aferrarse al poder, el daño será devastador. La Constitución quedará hecha girones, y la unidad de España, gravemente comprometida. Es imperativo poner fin a este Gobierno antes de que sea demasiado tarde. La ambición personal de un hombre no puede seguir hipotecando el futuro de todo un país. La igualdad y la integridad del Estado no son moneda de cambio.

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