enfoques del director
El fiscal general encubre a Sánchez: la única explicación posible a las maniobras del Gobierno
Es sorprendente que Pedro Sánchez tenga la desvergüenza de salir en público a decir que mantiene la confianza en el fiscal general cuando la Sala de Apelación del Supremo ha confirmado su procesamiento porque ve indicios claros de delito de revelación de secretos. No solo esa sala, claro. Hasta 15 jueces han avalado la investigación contra Álvaro García Ortiz, en concreto un juez de instrucción, seis magistrados del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM ) y ocho del Supremo (TS). Pero Sánchez y sus ministros pelotas siguen confiando en la inocencia del fiscal general. Así, porque les da la gana.
Bueno, a lo mejor no es por eso. Probablemente sea porque Álvaro García Ortiz está encubriendo a Pedro Sánchez. La teoría más verosímil a todo este embrollo es que el fiscal general recibió órdenes desde La Moncloa para desacreditar al novio de Isabel Díaz Ayuso con el objetivo último de atacar a la presidenta de la Comunidad de Madrid. Así que García Ortiz se está portando bien, encubre a Sánchez y Sánchez le defiende y le mantiene en su puesto contra toda lógica y contra el criterio -no unánime, pero sí aplastantemente mayoritario- de las asociaciones de jueces y fiscales.
¿Qué puede saber Sánchez de la inocencia o culpabilidad del fiscal general? ¿Sabe más que los jueces y magistrados que han intervenido en su causa? La respuesta es un no rotundo, por supuesto. Jurídicamente el presidente del Gobierno no solo es que no deba opinar sobre un procedimiento en curso sino que no tiene ni idea o, al menos, tiene muchos menos elementos de juicio que los jueces. Así que solo cabe una explicación política a su afán por entrometerse y defender a Álvaro García Ortiz.
Que un presidente opine de un proceso judicial en pleno desarrollo es imprudente y antidemocrático. Lo mismo sea el procesamiento del fiscal general que la investigación contra su esposa o la causa que se sigue contra su hermano. Es inadmisible que opine y que utilice, como está utilizando, las herramientas del Estado para defenderse: su cargo, la fiscalía que no acusa en ninguno de esos tres casos que le afectan y la abogacía del Estado que ha presentado querellas contra el juez Peinado para defender a Sánchez y a su mujer. El líder de la banda se ha pasado de frenada hace mucho y está desatado.