Populismo no es patriotismo

El líder de Vox, Santiago Abascal, durante un pleno en el Congreso de los Diputados.
El populista lo es por su estilo de hacer política, por su forma de construir discursos que siempre apelan a emociones negativas como el odio, la ira o el resentimiento, como plasmara por escrito Juan Carlos Monedero: “lo que no emociona, no moviliza”. En el populismo no hay razón, sino manipulación emocional, infantilismo y victimismo.
Como afirma el profesor Drew Westen, el cerebro político es un cerebro emocional. Así, los simpatizantes de partidos populistas, al recibir una noticia que confronta con la virtuosidad de la que presumen sus líderes, activan procesos cerebrales para llegar a conclusiones predeterminadas, desdeñando la contradicción y la lógica. Lo estamos viendo con lo sucedido en Jumilla, donde VOX, el populismo de derechas, sencillamente ha mentido y el PSOE lo está aprovechando. Otro ejemplo de populismo es el sanchismo.
Para el votante populista en su líder se condensan todas las virtudes bíblicas y es el representante de un pueblo soñado. A caballo o sin él. La serie “El cuento de la criada” (HBO MAX) lo plasma maravillosamente. Todo el que no piense como el líder populista, sea la Conferencia Episcopal, los adversarios políticos o un tuitero, es el antipueblo y en él se reúnen los grandes defectos del ser humano. Por tanto, todo vale contra él. Se trata, en el fondo, de un mesianismo de corte religioso y paternalista que considera menores de edad a las personas. “Yo sé mejor que tú lo que te conviene”.
El filósofo alemán Peter Sloterdijk, quien señala que cristianismo, comunismo y fascismo son los principales “bancos de ira” de la Historia al señalar al sufridor del hoy como el vengado del futuro, señaló, en referencia al populismo nacionalista, que éste ha cargado su discurso de ira en el repudio, identificando como antipueblo a quienes impiden el cumplimiento de la unidad de destino en lo universal, que diría Primo de Rivera. De ahí el discurso xenófobo y moralista del populista nacionalista, que promete el regreso a la Gemeinschaft (comunidad) reconstruida desde su visión nostálgica y excluyente. Porque el dirigente populista de derechas no es patriota. Es nacionalista.
El populista tiene vocación de partido único, por esa visión excluyente e idealista que conforma su forma discursiva. De ahí que en lugar de centrarse en mejorar la vida de las personas o en hacer frente al avance del populismo de signo contrario, se centre en tratar de acabar con quien ocupa lo que considera su espacio electoral. VOX todo el día atizando al PP.
Al populismo se han sumado izquierdas, derechas y también, hay que señalarlo, buena parte del totalitarismo liberal, de clara inspiración lassalliana.
El mayor error que podría cometer un defensor de la democracia liberal con responsabilidades políticas es tratar de competir con el populista en su propio terreno y con su lenguaje. No hay que caer en el griterío, la brocha gorda. Es el tiempo de la reflexión, de la madurez y de los principios. Del conocimiento. Y de la firmeza.