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Sánchez apuesta todo a Cataluña: más cesiones para seguir en el poder

Cataluña no es solo una carta en su baraja política; es una apuesta de alto riesgo que podría fracturar aún más el delicado equilibrio territorial de España

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de la Generalitat de Catalunya, Salvador Illa.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de la Generalitat de Catalunya, Salvador Illa.David Oller / Europa Press

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Pedro Sánchez ha convertido Cataluña en el eje de su estrategia para mantenerse en La Moncloa, un juego de equilibrios que pone en riesgo la cohesión de España. Las negociaciones con ERC, centradas en un modelo de financiación singular y la gestión de infraestructuras clave como Rodalies o el aeropuerto de El Prat, revelan hasta dónde está dispuesto a llegar el presidente para asegurarse el apoyo independentista. Estas cesiones, que incluyen privilegios económicos y políticos, no son solo una táctica de supervivencia, sino una apuesta que podría redefinir el futuro del país.

La alianza con ERC y Junts, sellada a golpe de concesiones, convierte al Gobierno en rehén de los intereses separatistas. Salvador Illa, como presidente de la Generalitat, actúa como punta de lanza en esta operación, buscando “avances significativos” que satisfagan a los independentistas mientras Sánchez esquiva críticas internas y externas. Sin embargo, cada paso hacia la “singularidad” catalana refuerza el relato independentista, que interpreta estas medidas como victorias en su desafío al Estado. ERC y EH Bildu, con su discurso de “más nación” frente a una supuesta “ola reaccionaria” de PP y Vox, encuentran en Sánchez un aliado implícito.

El impacto de esta estrategia trasciende Cataluña. La financiación singular, si se consolida, podría agravar las desigualdades entre comunidades, generando descontento en regiones como Madrid, acusada de insolidaria pese a su alta contribución al sistema común. Este enfoque no solo tensiona la unidad nacional, sino que compromete la credibilidad del PSOE como defensor de la igualdad entre españoles.

Sánchez juega con fuego al priorizar su permanencia en el poder sobre la estabilidad del país. Cataluña no es solo una carta en su baraja política; es una apuesta de alto riesgo que podría fracturar aún más el delicado equilibrio territorial de España. En su afán por mantenerse en el Gobierno, Sánchez hipoteca no solo su legado, sino también la cohesión de una nación que merece un liderazgo más sólido y equitativo.

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