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Pedro Sánchez humilla un poco más a España: Illa va a hacerse la foto con Puigdemont

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Acaba de empezar el curso político y ya tenemos una nueva línea roja que se salta Pedro Sánchez sin despeinarse. El 'okupa' de La Moncloa envía a Salvador Illa a Bélgica para que salte por el aro que le pone Puigdemont: hacerse la foto con él, rendirle culto y pleitesía, a ver si de esa manera consigue que le apoye los presupuestos del Estado o, al menos, que le permita seguir en el poder un tiempo más. Enviar a Illa a reunirse con un prófugo de la Justicia en el extranjero es un salto cualitativo. 

No se trata ya de un enviado del partido, como era Santos Cerdán hasta que entró en prisión por corrupto, sino de un presidente autonómico, del presidente de la Generalitat, de un representante de los españoles que humilla a su país. Puigdemont es un presunto delincuente fugado, no es un interlocutor político válido y mucho menos un representante de nadie. Ir a hacerse la foto con él es todo lo contrario, es reconocerle legitimidad y representatividad. Una vergüenza y un escándalo y, sobre todo un acto de corrupción política.

Bien es cierto que hace justo dos años, en septiembre de 2023, toda una vicepresidenta del Gobierno fue a abrazar, sonreír y fotografiarse con Puigdemont. Pero al menos Yolanda Díaz lo hizo por su cuenta, como líder de Sumar y, según dijo, por su propia voluntad, sin consultárselo a Sánchez. La humillación para España fue la misma, sí, pero Sánchez podía ocultarse detrás de esa endeble coartada de que Díaz no es ni siquiera de su partido. En el caso de Salvador Illa no cuela. 

Aunque el presidente de la Generalitat haya dicho que es decisión suya, nadie con dos dedos de frente puede creerse que la mano de Pedro Sánchez no está detrás. Illa se comporta como una marioneta en manos del líder. Hasta Junts, que lo recibe este martes, se burla de él y le humilla. "Es un obediente sin criterio propio", ha dicho el número dos de Puigdemont, Jordi Turull, que añade que el encuentro "llaga tarde" y "no servirá para nada". Humillación gratuita, por lo visto.

El caso es que Sánchez afirmó hace no mucho que se vería con Puigdemont. De momento le manda un sucedáneo. A él no le interesa porque esa foto le desgastaría mucho. A Illa probablemente todo lo contrario: le fortalece en Cataluña a ojos del votante independentista. Es verdad que puede que al Gobierno le haga perder votos a escala nacional, pero es el precio que tiene que pagar Sánchez para seguir ocupando La Moncloa un tiempo más. El presidente se sienta en un sillón apuntalado por la corrupción política que supone ceder ante un prófugo para permanecer en el poder. 

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