Pleitesía hasta la total amnistía

El Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro de Exteriores, José Manuel Albares
En esta primera semana de septiembre hemos podido comprobar varias escenas que ponen de manifiesto lo que nos va a deparar el curso político. Normalmente en estos días se realizan actos y mítines protagonizados por las distintas organizaciones políticas, pero muchas veces la noticia de lo que va a ocurrir no está en estos actos partidarios, sino es en otros foros donde se deja entrever lo que nos depararán los próximos meses.
Como resumen de todas estas escenas y reuniones, más o menos fotografiados, está en dos palabras: “amnistía y pleitesía”. El Gobierno se ha lanzado, presumiblemente desde la reunión tripartita en Lanzarote entre Sánchez-Illa-Zapatero, a intentar contentar a sus socios y emplea el sistema de la pleitesía para calmar a sus inestables socios de Junts, ante la tardanza de la aplicación de la amnistía al prófugo Puigdemont.
Así debe entenderse el viaje genuflexo de Illa a Bruselas, la campaña de María Jesús Montero para defender la quita de deuda, la no convocatoria de pleno del Congreso de los Diputados el 11 de septiembre, el desprecio del ministro Albares al idioma valenciano en la emisora de radio Onda Cero equiparándolo al catalán, y sobre todo la campaña de ataques a los jueces iniciada por Sánchez en televisión y jaleada por las terminales políticas y mediáticas del Gobierno.
Illa fue a Bruselas con un encargo concreto consistente en pedir a Puigdemont que no rompa con Sánchez y que le dé una oportunidad ante el fracaso de la negociación iniciada por Zapatero y el encarcelamiento de Santos Cerdán. Aunque no ha transcendido el contenido de la hora y media de conversación genuflexa, parece que Illa intentó calmar al prófugo ante el retraso de la aplicación de la amnistía, sobre todo cuando ya se conocía extraoficialmente que el abogado general de la Unión Europea ha rechazado el recurso del prófugo para que se le reconozca la inmunidad parlamentaria instando al Gobierno Belga para que cumpla las órdenes de arresto europeas. En este caso Illa se ha aprovechado de su cargo institucional para convertirse en un “correveidile” de Sánchez, ante la preocupación gubernamental de que el prófugo de por concluida la actual legislatura, ya que no tiene la amnistía ni el catalán es oficial en la Unión europea, las condiciones “fundamentales” que exige Junts.
La otra escena de genuflexa pleitesía la protagonizó María Jesús Montero con el montaje de la llamada “condonación” de la deuda a las comunidades autónomas. La Vicepresidenta ha vuelto a mentir para esconder que esta “condonación” es el paso previo para que se le dé, única y exclusivamente, a Cataluña el “cupo” que supone la gestión unilateral de los impuestos. Así pues se le quita la deuda a Cataluña, se la endosa al conjunto de los españoles asumiéndola el Gobierno, y una vez que está a cero se le da todo el dinero de los impuestos recaudados en Cataluña para que pueda ir gastando sin control alguno.
Ya pudimos comprobar cómo buena parte del dinero de la deuda propiciada por la Generalitat de Cataluña se originó para sufragar gastos destinados a conseguir la independencia y declarados delictivos por el Tribunal Supremo. Esta malversación de dinero público es lo que ha originado la negativa a la aplicación de la amnistía a Puigdemont.
También son actos de pleitesía para agradar al prófugo el acuerdo de la mesa del Congreso de los Diputados, con mayoría socialista y comunista, presidida por la experta sanchista en “genuflexiones Francina Armengol, para que los diputados de Junts puedan celebrar la “diada” catalana del 11 de septiembre, hecho que nunca había ocurrido y que no se aplica al resto de celebraciones autonómicas como el del próximo 9 de octubre, día de la Comunitat Valenciana. Y Para redondear la semana de la pleitesía apareció el ministro Albares para alentar las tesis del independentismo catalán de absorber a la Comunitat Valenciana como parte de unos fantasmagóricos “países catalanes”, negando una de las fundamentales señas de identidad de los valencianos como es el idioma propio y distinto al catalán como reconoce el artículo 6 del Estatuto de autonomía valenciano y la propia Unión Europea.
Pero lo peor de todo ha sido el ataque de Sánchez a los Jueces asumiendo las tesis independentistas de la existencia de Jueces fascistas que actúan por motivos políticos. La Justicia ha sido la “bestia negra” del independentismo juzgando y condenando a los delincuentes del “procès” e impidiendo la amnistía al prófugo por corrupción. Hasta ahora los ataques los habían protagonizado ministros y Sánchez solo había intervenido de una forma ambigua, pero ahora con su intervención en RTVE y en su artículo en la prensa inglesa, le ha entregado este trofeo argumental a Puigdemont. Y todo por un oxígeno político de dudoso recorrido.
La pleitesía es lo que va a presidir la acción política gubernamental y todo va a girar alrededor del vasallaje a Puigdemont, lo que está por ver si al prófugo, a parte de divertirle, le será suficiente. Durante las próximas semanas lo podremos comprobar atendiendo al resultado de las votaciones en el Congreso de los Diputados.