Begoña Gómez miente ante el juez Peinado: la asesora de Moncloa trabajaba para ella y sus negocios

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Begoña Gómez ha declarado ante el juez Peinado por cuarta vez. Y probablemente ha mentido por cuarta vez. Este miércoles desde luego que sí. No hemos podido verla ni siquiera entrar. A su asistente también imputada, Cristina Álvarez, sí la hemos visto. Ha entrado a pecho descubierto, ante las cámaras de televisión. Será que hay imputados de primera e imputados de segunda. El caso es que a Begoña no le hemos visto la cara, pero sí sabemos lo que ha dicho, lo poco que ha dicho, porque solo ha contestado a las preguntas de su abogado. Y en ese poco tiempo, 15 minutos aproximadamente, ha mentido varias veces. Ha dicho que es posible que su asistente le hiciera alguna gestión para su máster y su cátedra, pero que fue algo puntual y como un favor. ¡Mentira! Ni fue puntual ni fue un favor. Fue sistemático y remunerado por La Moncloa, pagado con los impuestos de todos los españoles.

Tanto es así que el juez Peinado ha tardado muy poco en dar el siguiente paso. Le ha pedido al ex-vicerrector de Planificación, Coordinación y Relaciones Institucionales de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Juan Carlos Doadrio, que entregue los "ciento y pico" correos electrónicos que se enviaron Begoña Gómez y Cristina Álvarez, no para cuestiones de agenda de la esposa de Sánchez sino para cuestiones relacionadas con la cátedra y el máster, es decir cuestiones privadas, negocios particulares de Begoña Gómez. Si se trató de hacer favores no fue uno, fueron ciento y pico. No cuela.

El asunto se complica cada vez más para Begoña Gómez y para Pedro Sánchez porque hemos conocido también una información muy comprometedora para él. La Moncloa, desde correos oficiales del Gobierno y en nombre de Pedro Sánchez, agradeció a varias empresas la colaboración dineraria, el dinero que habían dado para patrocinar el máster de Begoña Gómez. Es decir, el presidente del Gobierno agradeció a empresas privadas el apoyo a las actividades particulares de su mujer. Un salto cualitativo. Apesta, qué quieren que les diga, a tráfico de influencias.