Sánchez, podredumbre dentro y demagogia fuera

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
El retrato es demoledor: fiscal general procesado, hermano imputado, número dos en prisión, mujer investigada… y Ábalos señalado por gastar dinero público en prostitutas. El sanchismo ya no es poder. Es podredumbre.
Pero mientras España se asfixia entre procesados y sumarios, Sánchez se inventa escenarios. Esta semana, su demagogia sobre Gaza ha servido de cortina de humo, amplificada por una izquierda radical que llegó a interrumpir hasta la Vuelta ciclista. Trivializan el dolor ajeno y sabotean la convivencia propia.
El asesinato del conservador Charlie Kirk en Estados Unidos revela la misma doble moral: la izquierda no se estremece, utiliza. No condena, manipula. No llora, instrumentaliza.
Y en paralelo, Moncloa maniobra con su vieja receta: hinchar a Vox para frenar al PP. Convertir la política en un teatro de marionetas. Como si el país pudiera permitirse un Frankenstein eterno.
El contraste es brutal. Mientras Ayuso desde Madrid ofrece rigor y proyectos de futuro, Sánchez solo reparte fango y privilegios. Él vive de resistir; ella, de gobernar.
Las encuestas lo dicen sin rodeos: un 32% de votantes socialistas cree que Sánchez ya no tiene fuerzas para seguir (GAD3/ABC). Está tocado. Muy tocado.
Lo de Sánchez ya no es un Gobierno. Es una agonía con presupuesto. Una resistencia que España paga con dinero, prestigio y dignidad.
Podredumbre moral. Demagogia exterior. Maniobras electorales.
Ese es el legado. Y la limpieza empieza en La Moncloa.
A.M. BEAUMONT