editorial
Sánchez somete a España al bochorno internacional: la extrema izquierda aborta La Vuelta alentada por el Gobierno

Los protestantes en Madrid
La Vuelta Ciclista a España es un evento deportivo de primer orden con repercusión mundial, con equipos, corredores y medios acreditados de decenas de países. Que las protestas de la extrema izquierda alentadas por el Gobierno hayan logrado abortar el final de la carrera en Madrid va a ser noticia internacional de alcance. Una noticia que arrastra por el suelo la imagen de nuestro país. Y todo gracias a Sánchez y sus ministros que llevaban días respaldando y elogiando a los manifestantes.
Los extranjeros que no sepan estos detalles de la putrefacta política española pensarán que ha sido un fallo policial, un mal plan de seguridad que no ha sido capaz de controlar las protestas, minoritarias en todo caso. Y nos les falta razón. Lo que ocurre es que, por desgracia, esto estaba en el guion. El Ejecutivo no solo no ha impedido las protestas adrede, sino que es muy probable que deseara este desenlace que tan bien le viene para desviar el foco de las corruptelas que rodean al Ejecutivo y al propio presidente y, de paso, para movilizar a la izquierda radical tan desencantada con los corruptos de las putas, las mordidas, las saunas, las cátedras sin catedratica y los enchufes fraternales o sexuales en empleos pagados con dinero público.
El delegado del Gobierno en Madrid, responsable máximo del despliegue policial y el devenir de la carrera, dijo hace unos días que había que conjugar la seguridad con el derecho fundamental a la manifestación. No le oímos nada similar, ni remotamente parecido, cuando los manifestantes acudían a protestar a la sede del PSOE en Madrid.
Lo sucedido en Madrid es un bochorno internacional que debería acarrear dimisiones, pero la realidad es que tendrá premio porque ha sido algo deseado y premeditado, buscado para mayor gloria de Sánchez. Quizás a él la jugada le salga a cuenta porque buena parte de sus votantes o potenciales votantes están radicalizados hasta el extremo. A España seguro que no. Si somos ya una especie de apestados a escala internacional, precisamente por los planteamientos radicales de Sánchez respecto a Israel y contra la estrategia de rearme de la OTAN, lo cierto es que este episodio nos da la puntilla. Los radicales, con Sánchez a la cabeza, se han salido con la suya, la policía ha fracasado (premeditadamente) por culpa de Marlaska, y el resto de los españoles, la gran mayoría, observan atónitos cómo su Gobierno dilapida el prestigio de España bajo la calculadora electoral del presidente corrupto, consumido y acabado que -es un decir- nos gobierna.