El dolor de Erika, viuda del activista Kirk, no es censurable

Charlie Kirk durante una convención del Partido Republicano en 2024.Dominic Gwinn

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Charlie Kirk fue asesinado mientras daba una conferencia a jóvenes en la Universidad de Utah. Activista político próximo a Trump, perdió su vida por un disparo en el cuello. Hartos de opinólogos televisivos que, sin conocer los entresijos de la mente humana, cuestionan el dolor y el duelo de Erika, su mujer, por subir a redes fotos de él muerto, besándolo en la frente y en la mano. 

El duelo cada uno lo vive a su manera y, al inicio, hay un proceso de negación de la realidad; ella lo besa como si estuviese vivo, como negándose a reconocer la realidad que es angustia y desesperación, y esa conducta es un mecanismo de defensa. Morbosos son ciertos comentarios, pero jamás el dolor de una mujer enamorada de un joven marido de 31 años y con dos niñas fruto del amor. 

Recuerdo a una víctima del accidente del tren Alvia en Compostela, donde una madre perdió a una hija en el vagón calcinado y no cesaba de repetir que no era su hija, sino la hija de un amigo.

Siempre he dicho que el recuerdo es la terapia de recuperación del dolor. Erika grabó para recordar y, al recordar, volvemos a dar vida a través del recuerdo y lo ha compartido con quienes amaban a Charlie o le admiraban, y no es censurable en absoluto. Ha dicho a su niña que papá se ha ido al cielo para trabajar y que ella tuviese de todo y sus arándanos. Es terrible para un niño no volver a sentir el abrazo y los besos de su padre, y acaso tendrá pesadillas y una inmensa tristeza traducida en apatía y cambios de carácter. Verá a otros niños con su padre y preguntará a su madre cuándo vuelve. 

Ha muerto a manos de un joven psicópata ya detenido y que acaso correrá la misma suerte que su víctima, que es la pena de muerte. No me gusta esta práctica inquisitoria donde a veces se condena a inocentes, pero sí le deseo una larga estancia en la cárcel por asesinar a quien luchaba por la libertad y por destruir la vida de una familia, y eso es irrecuperable. 

Erika tiene el derecho de vivir el duelo a su manera y reaccionar para aliviar tanto dolor, porque solo ella ha perdido a su marido y ha visto desmoronarse a su familia. Solo ella tiene ese derecho, ya que debe reconstruirse, y lo mínimo para el trauma es un año.

Ahora está en estado de shock, pero cuando la cruda realidad haga acto de presencia, el dolor será más inmenso y se impone la aceptación de que Kirk no volverá a abrazarla. Empatizar y ponerse en su piel a través de la comprensión y no de la crítica absurda. Cerrará los ojos y sentirá que en cada abrazo de sus hijas sentirá el abrazo de Charlie.