Evitar la Venezuela europea

Zapatero conversa su amigo Nicolás Maduro
España, un país que está a punto de cumplir las bodas de oro de su democracia, trabajada y consensuada por todos sus ciudadanos con ilusión y esperanza, se está convirtiendo desde la manipulación que ejerce el poder político, en un régimen autocrático, camuflado de democracia, en donde las instituciones, los fundamentos de un estado y la propia sociedad, están al servicio de unos políticos que abusando de una de las reglas fundamentales del Estado de Derecho como es una mayoría parlamentaria, ejercen el poder desde sus intereses, utilizando incluso la corrupción económica y moral para mantenerse en el poder.
No importa que no se puedan aprobar unos Presupuestos Generales del Estado para el desarrollo y mejora de la sociedad, no importa que una de las naciones más antiguas del mundo se vea ninguneada en foros internacionales en donde somos socios, no importa que exista una honda preocupación en las instituciones europeas y mande a elementos como la Comisión de Venecia ante la llamada de auxilio de los actores del tercer poder del Estado que denuncian su intento de liquidación para convertirse en siervos de los dictados políticos del poder y tampoco importa que la institución del Estado y particularmente las Cortes Generales, tenga que arrodillarse ante un prófugo de la Justicia para sacar los paquetes legislativos adelante, además de que desde la presidencia del Poder Legislativo, por razones de conveniencia política, se tienen paralizados más de 30 proyectos provenientes del Senado.
Por si todo lo anterior no es que sea grave, sino que además pone en jaque los fundamentos de una democracia y de un Estado de Derecho, se da la extraña circunstancia de que un ex Presidente del Gobierno, sin cargo orgánico e institucional alguno en la gestión de España, con un determinante protagonismo en el grupo ideológico Puebla de neto carácter izquierdista y extremo, combina sus actuaciones como lobbysta de Venezuela y China, con la negociación de planteamientos legislativos y políticos que afectan a los españoles, sin saber si tiene capacidad de decisión pero si de influencia en los acuerdos que llega con socios del gobierno que encabeza un prófugo de la justicia que en vez de ser entregado a la justicia para que determine su encausamiento por malversación de fondos, atentado a la Constitución y a la democracia, maneja los hilos de la democracia a su antojo, dañando los intereses y la igualdad de los españoles.
Todo esto que llevamos viviendo en nuestro país desde hace siete años, genera hartazgo, alejamiento de la realidad por parte de la sociedad, bombardeada desde medios de comunicación del Estado y con subvenciones de 125 millones de euros a medios privados, quienes esconden la verdad de los hechos con la participación de alfiles del poder que tildan de fascista y ultraderechista al discrepante y sobre todo, un sentimiento de desamparo constante cuando por circunstancias trágicas, ha visto la necesidad de que el Estado sea el primero en actuar para cubrir las necesidades de una sociedad ante una catástrofe, sin que evada responsabilidades y actuaciones en órganos de la administración de orden menor como son las comunidades autónomas o ayuntamientos.
¿Ante esta situación catastrófica de un Estado de Derecho y de una democracia que se ve manipulada desde el poder para ser poder hasta la eternidad, qué se puede hacer?
En primer lugar, además de denunciar lo que sucede, contar los acontecimientos de corrupción tal y como son y señalando a los culpables, caiga quien caiga, no se deben olvidar los mecanismos de protección del Estado de Derecho y de la Democracia, que además deben ser reforzados y regenerados con algo vital, como es un acuerdo con la propia sociedad que demuestre una verdadera voluntad de reconstrucción de valores que la sociedad se dio participando desde 1978.
Es este precisamente, el planteamiento que precisa de manera contundente la sociedad española actual, ya que por denunciar la corrupción solamente, no se cambian las cosas, se precisan elementos básicos y transversales como protagonistas del futuro desde el punto de vista democrático, es decir, consenso, libertad, diálogo, el precepto de la igualdad entre españoles y la eliminación de la confrontación polarizada como protagonista de lo político.
¿Tenemos posibilidad de que eso se pueda hacer en España?
Indudablemente si tal y como lo demuestran las encuestas de los institutos de opinión, en donde nos marca una tendencia clara y definida de cara a futuro, pero esa alternativa que se vislumbra, debe tener claro que debe cambiar y variar su estrategia hacia el liderazgo, como elemento básico de sus propuestas, abandonando su imagen de meros gestores que, aunque tengan voluntad de hacerlo bien, no ilusionan a la sociedad, por falta de una comunicación efectiva en la transmisión del mensaje y sobre todo, en el protagonismo de un líder, que sin estar condicionado por baronías o virreinatos, cosa que ocurre demasiado en el centro derecha, que parece más una CEDA que condiciona los principios básicos de una organización, al liderazgo de alguien que desde la centralidad y la moderación responsable de sus alternativas a lo que estamos viviendo, arrastre a una sociedad que por inercia quiera impedir que España sea la Venezuela europea.