la mirilla
Cataluña, espejo de la España rota de Sánchez
Pedro Sánchez.
La última encuesta en Cataluña publicada por el periódico La Vanguardia dibuja un panorama explosivo. El PSC de Salvador Illa pierde seis escaños. Junts se desploma. ERC resiste a duras penas. Y emerge con fuerza Aliança Catalana, la marca antisistema del separatismo, con 19 diputados.
La conclusión es clara: Cataluña sigue siendo un avispero. Nada resuelto, todo embarrado. Todo lo que está cerca de Sánchez se contamina.
Sánchez creyó que su supervivencia pasaba por entregar el BOE a Puigdemont y bendecir la amnistía. Hoy, el resultado es otro: el independentismo no se calma, se radicaliza. La fractura se agranda.
El crecimiento de Aliança Catalana y de Vox es la prueba de esa polarización extrema. AC se alimenta de la frustración independentista, pero también del discurso contra la inmigración y la delincuencia que cala en barrios castigados. Voto antisistema que mezcla independentismo duro con populismo identitario. Vox, por su parte, crece en el lado opuesto: recoge la indignación constitucionalista, el hartazgo con las cesiones y la percepción de que el PP aparece tibio. Dos extremos que se retroalimentan.
Mientras tanto, el constitucionalismo dividido frente a un separatismo fragmentado pero cada vez más radical. La gobernabilidad imposible en Cataluña es la misma que Sánchez impone en España: cesiones, inestabilidad, fractura.
El problema no es Cataluña. Cataluña adelanta tendencias. El problema es Sánchez. Cataluña es solo el espejo más visible de su España rota.
A.M. BEAUMONT