editorial

Israel intercepta la Flotilla: se acabó el juego

La Global Sumud Flotilla a Gaza con Ada Colau y Greta Thunberg a bordeKike Rincon

Creado:

Actualizado:

Lo que ha sucedido en las aguas del Mediterráneo oriental es, simplemente, lo único que podía suceder. Israel ha interceptado la llamada Flotilla Global Sumud, esa caravana de embarcaciones cargadas de supuesta ayuda humanitaria pero teñidas de un activismo radical que roza la provocación. No, esto no es un juego. Entrar en una zona de exclusión marítima, en pleno corazón de una zona en guerra, conlleva consecuencias inevitables. Y la Armada israelí ha actuado con la proporcionalidad que exige el derecho internacional: abordaje controlado de los barcos, detención de los tripulantes y traslado seguro a puerto, sin un solo disparo ni violencia innecesaria.

Entre los detenidos figuran figuras emblemáticas del progresismo global: Greta Thunberg, la icono del ecologismo militante, a bordo del buque Alma, y Ada Colau, la exalcaldesa de Barcelona y símbolo de la izquierda independentista, en el Sirius.

Su presencia no era casual; era un pulso político disfrazado de solidaridad. Como ha expresado con rotundidad la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, esta flotilla no buscaba la paz, sino sabotearla. "Riesgo de escalada que podría hacer explotar todo", advirtió Meloni, en clara referencia al histórico acuerdo de paz para Gaza alcanzado entre el primer ministro Benjamin Netanyahu y el presidente Donald Trump.

Ese plan de 20 puntos, anunciado hace apenas días, representa un rayo de esperanza en medio del caos: liberación de rehenes, reconstrucción económica de Gaza con zonas especiales de desarrollo y un alto el fuego duradero, aceptado por Israel pero aún pendiente de Hamas.

Interferir en ello no es heroísmo; es irresponsabilidad criminal. En este tablero geopolítico, España ha jugado a la propaganda sanchista, pero al final ha imperado la prudencia. El buque de la Armada 'Furor', enviado para escoltar la flotilla, no ha traspasado las aguas controladas por Israel, tal como anunció el Gobierno de Pedro Sánchez para evitar un incidente de escala internacional. Italia hizo lo propio, retirando su fragata ante el riesgo inminente. Sensatez frente a la temeridad de unos activistas que, con su desafío, ponían en jaque no solo la seguridad israelí, sino el frágil equilibrio regional.

Se acabó el juego, señores. La flotilla no era un crucero de verano, sino un desafío directo al Estado de Israel en su derecho a defenderse. Netanyahu ha demostrado contención; Trump, visión estratégica. Ahora, toca consolidar la paz, no dinamitarla con gestos teatrales. Europa, y España en particular, debe alinearse con la razón: apoyar el diálogo, no la confrontación. Porque en Gaza, como en cualquier guerra, la verdadera ayuda llega por la diplomacia, no por el postureo. Hora de crecer.