editorial
El juez Peinado ve a Sánchez "fundamental" en los presuntos delitos de Begoña Gómez
Esta resolución no solo cuestiona la integridad de la pareja presidencial, sino que pone en jaque la legitimidad de un Ejecutivo que ha hecho de la "regeneración democrática" su bandera
La mujer del presidente del Gobierno, Begoña Gómez
El auto judicial emitido esta tarde por el juez Juan Carlos Peinado en el caso de Begoña Gómez ha sacudido los cimientos del Gobierno. En un documento de 20 folios, el magistrado no solo detalla los indicios contra la esposa del presidente Pedro Sánchez, sino que la sitúa en el epicentro de un entramado de presuntos delitos graves. Pero lo que eleva esta resolución a la categoría de terremoto político es la mención explícita al propio Sánchez como pieza "fundamental" en la génesis de esos ilícitos.
Peinado argumenta que el parentesco con el jefe del Ejecutivo es el vínculo esencial que permitió a Gómez prevalerse de su posición para tejer una red de influencias cuestionables. Más allá de las derivadas jurídicas —que se irán desgranando en los próximos meses, con la posibilidad de un juicio por jurado popular para varios de estos cargos—, el impacto político de este auto es de calado inaudito. No es un detalle menor que el presidente del Gobierno aparezca aludido en una pieza judicial que imputa a su mujer hasta cinco delitos: tráfico de influencias, malversación de caudales públicos, apropiación indebida, intrusismo profesional y corrupción en los negocios.
Es pura lógica procesal: Begoña Gómez no habría podido desarrollar sus actividades privadas —cartas de recomendación a empresas, colaboraciones en másters universitarios o asesorías opacas— sin ampararse en la sombra del poder que emana de su esposo. El juez lo deja claro: sin ese "vínculo" presidencial, el tráfico de influencias —delito que, al igual que la malversación, exige jurado popular— no habría sido posible, y con él se habilitaron las puertas para los otros cuatro cargos.
Esta resolución no solo cuestiona la integridad de la pareja presidencial, sino que pone en jaque la legitimidad de un Ejecutivo que ha hecho de la "regeneración democrática" su bandera. Sánchez, que llegó al poder prometiendo acabar con la corrupción, se ve ahora señalado como el eje de un posible esquema delictivo familiar. La oposición, con el PP a la cabeza, ya clama por explicaciones, y no es para menos: el auto de Peinado dibuja un panorama donde el abuso de la condición de "esposa del presidente" fue el lubricante de operaciones turbias.
Y aquí radica la ironía suprema. Por menos que esto —un mero párrafo subjetivo de un juez en una sentencia, posteriormente eliminado—, Mariano Rajoy fue apeado del Gobierno mediante una moción de censura en 2018. Aquella artimaña, orquestada con maestría por el propio Pedro Sánchez, se sustentó en indicios de corrupción en el PP que palidecen ante el rosario de imputaciones que hoy salpican a su entorno más íntimo. Hoy, el que un día fue verdugo de la ética ajena emerge como "fundamental" en la presunta corrupción de su mujer, según el juez Peinado.
La historia, caprichosa, devuelve los golpes con creces. ¿Cuánto tardará el Congreso en reflejar esta bofetada judicial? El reloj ya corre, y Sánchez, por primera vez, no dicta el tempo.