la mirilla
Sánchez se hunde: odiado y enfangado en corrupción

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
Los españoles ya han desconectado de la izquierda. Las encuestas lo repiten una y otra vez: PP y Vox, salvo algún sondeo que toca de oído, superan con holgura los 200 diputados. El PSOE se desploma hacia el centenar. Y Sumar y Podemos se hunden en la irrelevancia.
No es casualidad. Es la consecuencia de estirar el hilo de un Gobierno fallido, presidido por un político muy odiado en la calle. Pedro Sánchez ya no inspira ni confianza ni respeto. Ni siquiera miedo. Solo hartazgo.
El país asiste a un espectáculo obsceno: un presidente rodeado de casos de corrupción que tocan la puerta misma de su casa. Su mujer, Begoña Gómez, investigada; su hermano, procesado; su fiscal general, imputado; y dos de sus colaboradores más cercanos, Ábalos y Cerdán, embarrados en la trama Koldo. Sobres, favores, prostitutas y comisiones. Todo el catálogo del poder más sucio.
Pretender que eso no pase factura es ridículo. Ningún Gobierno puede sostenerse con semejante hedor. Ningún país puede confiar en quien confunde el Estado con una red de intereses personales.
La izquierda se apaga porque su líder se pudre. El PSOE ya no tiene proyecto, solo supervivencia. Y cuando la corrupción se sienta a la mesa del poder, los ciudadanos levantan la suya.
El sanchismo agoniza. Y los españoles ya han dictado sentencia: basta.
A.M. BEAUMONT