Día mundial de los animales

San Francisco de Asís y Jane Goodall coincidían en que respetar, proteger y cuidar de quienes son más vulnerables es cuestión de humanidad

Jane GoodallGetty Images

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El 4 de octubre se conmemora el día mundial de los animales. Esta efeméride coincide con la festividad católica de San Francisco de Asís, el hijo de un comerciante adinerado del siglo XII que rechazó su acomodada vida para ayudar a quienes menos recursos tenían. 

Se dice que Francisco iba siempre rodeado de animales y predicaba la compasión hacia ellos, a quienes llamaba “hermanos pequeños”. Este término hace alusión a la situación de inferioridad y vulnerabilidad en que se encuentran los animales frente a las personas. Y esta supremacía que ejercemos sobre ellos nos obliga moralmente a ser responsables de su bienestar, tal como la psicoterapeuta Nelly Glatt indica.

Sin embargo, aquello que debiera ser, dista mucho de la realidad y lejos de proteger a los demás animales (no olvidemos, que también somos animales) y tratarlos con el respeto que merecen, ejercemos sobre ellos todo tipo de actos cruentos para satisfacer nuestros instintos más primitivos e irracionales. Y desgraciadamente, esa gran capacidad intelectual de la que tanto nos enorgullecemos la utilizamos, por una parte, para maquinar cómo sacar el máximo beneficio a costa de los animales, sin importar las consecuencias que nuestro egoísmo desaforado supone para ellos y, por otra, para justificar estos actos y adormecer nuestra conciencia.

Afortunadamente, cada día son más quienes despiertan del letargo y son capaces de ver más allá de lo socialmente construido.Y entienden que los demás animales, también tienen capacidad de sentir y sufrir, motivo suficiente para respetarles y no dañarles. Y que un perro, tiene sintiencia y consciencia, independientemente de que viva en una casa donde sea considerado un miembro más de la familia, viva en un zulo y sea un mero instrumento para cazar, o se ejerzan sobre él los más crueles experimentos para determinar que inhalar un insecticida mata. Y que lo mismo ocurre con un toro, un pulpo o una paloma. Y aunque la evidencia científica lo avala, quienes han tenido la oportunidad de observar a algún animal, sin necesidad de tener conocimientos de biología lo han podido constatar. Aunque asimilarlo y actuar en consecuencia sea inicialmente muy costoso desde el punto de vista emocional y social.

Tres días antes de esta fecha señalada nos dejaba, a los 91 años, una mujer extraordinaria que fue pionera en el estudio del comportamiento de los animales, rompiendo con la pesada inercia que en ocasiones la rigidez del método científico normalizado establece. Jane Goodall impregnó de empatía la observación llegando a conclusiones y descubrimientos que los científicos del momento fueron incapaces de alcanzar. La observación, el conocimiento y la empatía la llevaron a dedicar su larga vida a ejercer esa “supremacía” con responsabilidad, respetando los intereses de los animales, trabajando para difundir la necesidad de considerarlos y transmitiendo un mensaje de paz y no violencia. La doctora Goodall incluía entre sus reflexiones la importancia de no tener miedo a cambiar de opinión. 

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Esta cuestión coincide con la actitud San Francisco de Asís, que se atrevió a desafiar lo establecido, atendiendo a su conciencia. Es por lo anteriormente expuesto que, siguiendo las enseñanzas de esta inspiradora mujer, cuyo legado ha trascendido generaciones, te invito a observar con empatía, reflexionar y actuar en consecuencia. Porque respetar, proteger y cuidar de quienes son más vulnerables es cuestión de HUMANIDAD.