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EDITORIAL

La paz en Gaza le viene mal a Sánchez y a Yolanda Díaz: el decreto de embargo más inoportuno de la historia

(I-D) El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero; y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz 08/10/2025

(I-D) El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero; y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz 08/10/2025Jesus Hellin/STUDIO MEDIA 19

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En un giro del destino que parece escrito por un guionista de comedia negra, el Gobierno de Pedro Sánchez ha logrado lo imposible: aprobar un decreto de embargo de armas a Israel que se ha desinflado como un globo pinchado apenas unas horas después. El miércoles por la tarde, el Congreso validaba esa medida impulsada por los socialistas, con el apoyo in extremis de Podemos, que la tildó de "coladero" pero votó a favor para no quedar al margen del postureo progresista. La justificación era clara: presionar a Israel para frenar la "escalada" en Gaza. Pero ¡oh sorpresa! Esta misma noche, Donald Trump anuncia el primer acuerdo entre Israel y Hamás, bajo su plan de paz, que incluye un alto el fuego inminente y la liberación de rehenes el próximo lunes. La tesis del embargo se cae a pedazos: ¿para qué sirve ahora esa prohibición si la paz asoma en el horizonte?

Este decreto no es más que un 'fake' político, un numerito de Sánchez para la galería nacional, donde quiere posar de paladín de la causa palestina ante la izquierda radical. Horas después de su aprobación, el acuerdo mediado por Estados Unidos demuestra que la diplomacia real funciona sin necesidad de gestos vacíos que solo envenenan relaciones. El daño, sin embargo, está hecho. Las tensiones entre España e Israel, ya tensas por las declaraciones incendiarias del Ejecutivo, se han profundizado de manera irreversible con este Gobierno. Netanyahu no olvidará fácilmente esta puñalada por la espalda, y las consecuencias diplomáticas y económicas se dejarán sentir en Bruselas y más allá.

No olvidemos el ridículo de Yolanda Díaz, vicepresidenta y cabeza visible de Sumar, el socio de Gobierno que se desmarcó de Sánchez para calificar de "farsa" el plan de paz de Trump, oponiéndose incluso antes que Hamás. Mientras los palestinos celebran en las calles de Gaza y Cisjordania el anuncio de la tregua, Díaz se queda con el pie cambiado, expuesta como la radical que prioriza la retórica sobre la esperanza real de paz. Su llamada a "romper todo tipo de relaciones" con Israel solo agrava el aislamiento español.

Sánchez y su coalición han convertido una oportunidad histórica en un bochorno. La paz en Gaza no solo desarma su embargo inoportuno, sino que desnuda la hipocresía de un Gobierno que prefiere el aplauso de la galería a la sensatez diplomática. España merece líderes que construyan puentes, no que los quemen por un puñado de 'likes' en redes sociales. El lunes, cuando los rehenes caminen libres, el eco de este decreto resonará como el chiste más amargo de la historia reciente

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