editorial
No hay que echar a España de la OTAN, hay que echar a Sánchez del Gobierno
Bajo el Gobierno de Sánchez, nos ganamos un desprecio internacional peor que cualquier expulsión: el de los aliados que pagan la factura y nos miran con lástima y recelo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una sesión de Control al Gobierno
Acabamos de presenciarlo en directo desde la Casa Blanca: “Quizá deberíais echarlos de la OTAN, francamente”, ha espetado Donald Trump sobre España, en una reunión con el presidente finlandés Alexander Stubb. El presidente estadounidense, con su estilo directo, ha señalado a España como un “rezagado” en el gasto en defensa, el único aliado que rechaza el 5% del PIB para 2035, acordado por el resto en la cumbre de La Haya. No es un exabrupto de Trump 2.0; es la frustración de Washington y Bruselas ante nuestra deriva. Pero no se equivoquen: el problema no es España. Con su flanco sur estratégico y compromiso atlántico, es un pilar de la OTAN. El obstáculo es Pedro Sánchez, cuyo Gobierno populista, de izquierda radical, prioriza tacticismo sobre responsabilidad.
El sanchismo hace de la geopolítica un circo ideológico. “España, tenéis que llamarlos y averiguar por qué son rezagados”, añadió Trump, criticando que “están haciendo bien, ya sabéis. Gracias a muchas de las cosas que hemos hecho, les va bien. No tienen excusa para no hacer esto”. Mientras Polonia, bálticos o Francia aceleran al 5% contra la amenaza rusa -clara en Ucrania y el Báltico-, España se queda en el 1,3%. No es avaricia: es dogma. Pactos con comunistas y nacionalistas rechazan el rearme como traición a la “paz social” y redistribución. Invertir en defensa recortaría subsidios o propaganda de Moncloa. Prefieren aplausos progresistas a disuasión. Resultado: de socio fiable, somos lastre expuesto por Trump.
No es un episodio aislado. Añádase la postura con Israel: Sánchez impulsó un embargo de armas único en la UE, boicot que aísla de Alemania o Francia. Mientras el baluarte democrático resiste a Hamás e Irán, Madrid opta por el sectarismo, con impulsos antisemitas de su coalición. Patrón claro: ideología sobre lealtad, postureo sobre solidaridad.
Nadie expulsará a España de la OTAN -sería un suicidio colectivo que ni siquiera el más beligerante Trump consumaría-. Sin embargo, bajo el Gobierno de Sánchez, nos ganamos un desprecio internacional peor que cualquier expulsión: el de los aliados que pagan la factura y nos miran con lástima y recelo. La solución no radica en reformar la Alianza, sino en purgar La Moncloa. Echar a Sánchez no es un capricho partidista; es una urgencia patriótica. Solo un Ejecutivo pragmático y atlantista podrá acallar estas pullas y restaurar nuestra voz en el mundo.