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La peor amenaza para Sánchez: el juez Puente empuja a Ábalos y a Koldo a confesar

El panorama es sombrío, como lo describe el propio Puente en sus autos. La Guardia Civil, a través de un demoledor informe de la UCO, detalla cómo Koldo asumía obligaciones económicas de Ábalos

El exministro de Transporte José Luis Ábalos llega al Tribunal Supremo para declarar como investigado

El exministro de Transporte José Luis Ábalos llega al Tribunal Supremo para declarar como investigadoEuropa Press

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En el corazón del Supremo, el juez Leopoldo Puente ha lanzado una advertencia que resuena como un trueno en Moncloa: las pruebas contra José Luis Ábalos y su fiel escudero Koldo García son tan sólidas que apuntan a penas de cárcel de "importante extensión". No es un mero formalismo judicial; es un ultimátum velado que podría hacer tambalear los cimientos del PSOE y, con ellos, la frágil estabilidad del Gobierno de Pedro Sánchez. Ábalos, el exministro que fue mano derecha del presidente, y Koldo, el comisario político convertido en rey de las comisiones, han optado hasta ahora por el silencio. Pero ese muro de omertá empieza a agrietarse ante el espectro de años tras las rejas.

El panorama es sombrío, como lo describe el propio Puente en sus autos. La Guardia Civil, a través de un demoledor informe de la UCO, detalla cómo Koldo asumía obligaciones económicas de Ábalos: desde pensiones alimenticias hasta pagos a una empleada doméstica, pasando por aportaciones a fundaciones y hasta el alquiler de un chalet en Marbella. Unos 95.000 euros en transferencias que no cuadran con la legalidad, corroborados por la confesión de Víctor de Aldama, el empresario que ya cantó y salió indemne. Delitos graves como integración en organización criminal, tráfico de influencias, cohecho y posible malversación se acumulan con "robustez y singular contundencia". Ábalos, que acaba de romper con su abogado por no querer pactar con Anticorrupción, y Koldo, atado a la misma estrategia de no declarar, ven cómo el juicio oral se acerca y el riesgo de fuga –y de prisión provisional– se multiplica.

Aquí radica la verdadera bomba: el juez deja entrever que solo una colaboración efectiva podría atenuar esas condenas aplastantes. Aldama lo hizo y evitó la cárcel; ¿por qué no ellos? Replantearse el silencio no es solo una opción procesal; es una tentación irresistible cuando el horizonte penal se presenta "unido" pero con grietas. Si Ábalos o Koldo deciden confesar, no solo se delatarían mutuamente, sino que abrirían la caja de Pandora de las tramas que salpican al núcleo del sanchismo. ¿Quién dio el visto bueno a las adjudicaciones irregulares en Transportes? ¿Hasta dónde llegaba la red de favores que blindaba al partido?

Para Sánchez, presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, esto es la peor de las amenazas. No bastan los filtros mediáticos ni las maniobras parlamentarias; una confesión de sus exfieles podría arrastrar nombres que toquen el corazón del poder. El caso Koldo ya es un lastre tóxico que erosiona la credibilidad del Ejecutivo, pero un derrumbe de lealtades lo convertiría en un escándalo terminal. El juez Puente no solo juzga hechos; empuja a la verdad. Y en esa verdad, Pedro Sánchez podría encontrar su Waterloo.

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