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Aldama remata a Sánchez y el juez investiga la caja B del PSOE

"Mucho del dinero que les he dado decían que iba al partido", ha soltado, rematando así al ya tambaleante Pedro Sánchez, cuyo poder parece un castillo de naipes construido sobre mordidas y favores.

Víctor de Aldama en Horizonte de Cuatro

Víctor de Aldama en Horizonte de Cuatro

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En una entrevista demoledora en Telemadrid, Víctor de Aldama ha descargado esta pasada noche su artillería pesada contra el corazón podrido del sanchismo. El empresario, pieza clave en la trama de corrupción que sacude al Gobierno, ha revelado sin filtros cómo el PSOE operaba una auténtica 'caja B' en su sede de Ferraz, con sobres de dinero negro entregados religiosamente cada viernes por Koldo García. Aldama no se ha cortado: ha confesado haber blanqueado más de cuatro millones de euros para José Luis Ábalos y su fiel escudero, dinero que, según él, se destinaba a "financiación ilegal" del partido. "Mucho del dinero que les he dado decían que iba al partido", ha soltado, rematando así al ya tambaleante Pedro Sánchez, cuyo poder parece un castillo de naipes construido sobre mordidas y favores.

Pero el mazazo no viene solo de las palabras de Aldama. El Tribunal Supremo, a través del juez Leopoldo Puente, ha dado un paso firme al citar como testigos al exgerente del PSOE, Mariano Moreno Pavón –quien gestionó las cuentas socialistas entre 2017 y 2021–, y a Celia Rodríguez, una empleada de la Secretaría de Organización que, al parecer, repartía el efectivo en mano. La fecha: 29 de octubre. El motivo: explicar por qué las cuentas no cuadran. Indicios claros de una "caja B" vinculada a los pagos en negro a Ábalos y Koldo, con 20.000 euros en billetes frescos para la compra de un local en Valencia, según documentos entregados por el propio Aldama al Supremo. El magistrado ve "indicios de financiación ilegal" y no se conforma con excusas: quiere nombres, fechas y justificantes. ¿Cómo es posible que un partido que presume de transparencia maneje fondos opacos como en los peores tiempos de la Transición?

Y el golpe de gracia llega cuando Aldama desvela que Pedro Sánchez estaba al tanto de todas las corruptelas. En declaraciones ante el juez y en entrevistas como la de COPE, el empresario asegura que el presidente conocía cada paso de la trama: "Obviamente, el señor Sánchez sabía que yo estaba haciendo las gestiones". Afirma que el CNI le informó directamente de "pagos raros" y "distorsiones", lo que precipitó el cese de Ábalos. Sánchez, según Aldama, llamaba seis o siete veces al día a su exministro para consultarle todo, y hasta le dio las "gracias por lo que estaba haciendo". Firmemente, Aldama sentencia: la corrupción no se habría asentado sin que Sánchez estuviera enterado. No hay excusas: el presidente no era un testigo inocente, sino un actor cómplice en esta red de favores y sobornos.

Este escándalo no es un tropiezo aislado; es el colofón a una saga de corrupción que mancha el PSOE desde los ERE andaluces hasta las mascarillas infladas de Koldo. Sánchez, que prometió regeneración ética, preside un Gobierno donde los sobres vuelven a Ferraz como un mal hábito. Aldama, libre provisionalmente gracias a los errores judiciales de la era Luzón, ha aprovechado su tribuna para destapar el lodazal: Ábalos cobrando en negro, Koldo como repartidor de favores y el partido como beneficiario silencioso. ¿Cuánto más aguantará la coalición Frankenstein antes de implosionar?

Es hora de que la Justicia actúe sin paños calientes. El Supremo abre la puerta a investigar al PSOE en bloque, y la ciudadanía merece respuestas. Sánchez no puede seguir escudándose en "tramas ajenas" cuando el hedor sale de su propia casa. Aldama ha rematado el gol, pero el árbitro –la Justicia– debe pitar el final de esta farsa. España no puede permitirse más presidentes con las manos sucias.

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