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El giro necesario

Vista general del hemiciclo del Congreso de los Diputados

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¿Y si descubriéramos que estamos siendo víctimas de un enorme engaño, perpetrado por todos los actores de una industria que se alimenta y vive de nuestro esfuerzo?

Porque, cuando pensamos en un partido político, tendemos a creer que el único objetivo que persigue (porque a eso estamos acostumbrados) es el de acaparar, cuanto más poder, mejor.

Estamos acostumbrados a eso porque, desde que el régimen del 78 puso en marcha un sistema bipartidista en el que poco o nada más tiene cabida real, hemos asistido a una alternancia en la que las cuotas de poder se trasvasan, pero no se alteran; siendo así que la única preocupación de los grandes partidos es administrar esas cuotas de poder, cada uno en su turno, garantizando y perpetuando su propia supervivencia, porque fuera de la industria política hace muchísimo frío…

Mientras tanto, legislatura tras legislatura, los ciudadanos comprobamos cómo ese reparto tiene como único fruto el beneficio de esa misma industria, que se alimenta a base de nuestro dinero y nuestro esfuerzo, quedando el interés general en un segundo, tercer, o cuarto plano, por decirlo de manera elegante.

Es aquí y ahora cuando surge la imperiosa necesidad de hacer la gran pregunta, porque en tiempos de zozobra que sufrimos, la respuesta a esta pregunta abrirá los ojos a mucha gente que vive, todavía, en el convencimiento de la bondad de la clase política. Y la pregunta es: ¿cuál es la única finalidad productiva de un partido que quiera, realmente, prestar un servicio a los ciudadanos?

La respuesta es tan sencilla que, probablemente, indigne a más de uno de esos ciudadanos que observan cómo el propio sistema crea nuevos “peones” con intención de introducirlos como medida equilibrante que contribuya a que nada cambie (¡ay!, Vito, Vito…).

La única motivación para que un partido político se ponga en marcha en este momento es la de controlar todas y cada una de las acciones y decisiones que, desde el Gobierno, tenga el color que tenga, se pongan en marcha.

La única razón para poner un partido en funcionamiento en 2025 es la de ser el reflejo real de la sociedad civil en las instituciones. No gobernar, no aspirar a ningún tipo de cargo, simplemente ser el elemento de control de la sociedad civil desde dentro.

Y usted, que me lee, dirá: “¿acaso el objetivo de un partido político no tiene que ser gobernar?”.

Pues mire usted, no tiene por qué serlo cuando quienes componen ese partido no son políticos ni han vivido jamás de lo público, ni pretenden alcanzar cuota de poder alguna. Cuando la idea no es gobernar, sino controlar a quien gobierna desde una representación real de los ciudadanos de la calle, que tome posesión de un parlamento que ha dejado de ser el lugar en el que se hace política.

A eso hemos venido porque, hasta este momento, esa opción no existía y hay millones de personas huérfanas de una representación real.

A dar un giro de 180 grados.

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