La mirilla
Koldo, Sánchez y Torres, el tebeo sanchista

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el ministro de Memoria Democrática y Política Territorial, Ángel Víctor Torres.
Lo de Ángel Víctor Torres y Koldo no es política. Es un esperpento. Un portero de discoteca moviendo a su antojo a quien hoy se sienta en el Consejo de Ministros.
Un ministro obedeciendo instrucciones por WhatsApp. Un Gobierno convertido en sainete.
Las conversaciones filtradas son de vergüenza ajena. Chusco. Sórdido. Koldo daba órdenes con tono de jefe y Torres respondía con docilidad de subordinado. Así se decidían contratos millonarios en Canarias. Así se gobernaba. Así se ascendía en el PSOE de Pedro Sánchez: sin mérito, sin decoro, sin vergüenza.
El problema no es que Koldo fuera un corrupto; es que quien ahora es ministro, entonces presidente autonómico, lo trataba como a un superior. Esa sumisión retrata el sistema: un poder colonizado por matones de pasillo, comisionistas de confianza y fontaneros de partido que confunden el Estado con una barra libre. Y todo con el visto bueno de Moncloa.
Sánchez lo nombró ministro sabiendo quién era. Lo mantiene porque sabe lo que calla. Y lo protege porque teme lo que podría decir. El servilismo, en su Gobierno, es una virtud. La dignidad, un estorbo.
La escena roza lo surrealista: el hombre al que Koldo trataba como a un becario es hoy ministro de Política Territorial. Y el portero que le daba órdenes sigue marcando la partitura moral del sanchismo: la del poder sin escrúpulos, sin principios, sin límite.
El PSOE se desangra entre la corrupción, los sobres, los chanchullos y la mediocridad de su gente. Y todavía se atreven a hablar de regeneración y transparencia.
A esta altura, la pregunta es inevitable: ¿Quién gobierna España? ¿El presidente o el portero? Porque si Koldo mandaba más que Torres,
quizá entendamos mejor cómo funciona La Moncloa.
A.M. BEAUMONT