enfoques del director
El grave error de Pedro Sánchez: una estrategia que aplaude el PP y que solivianta a los barones
Pedro Sánchez ha decidido convertir el Congreso en un ring de boxeo preelectoral, lanzando una ofensiva frontal contra las comunidades autónomas gobernadas por el PP. En su comparecencia del miércoles, el presidente arremetió contra líderes como Isabel Díaz Ayuso, Juanma Moreno o María Guardiola, acusándolos de "negocios inmorales" con fondos públicos, privatizaciones salvajes en sanidad y omisiones en la gestión de cribados o incendios. Lo que buscaba ser un debate sobre cumbres internacionales derivó en un alegato ideológico para desviar la atención de los escándalos de corrupción que azotan al PSOE, como la trama Koldo.
Este enfoque, sin embargo, revela un error garrafal de cálculo político. Sánchez aspira a polarizar el terreno, presentando las elecciones autonómicas de 2025 (el 21 de diciembre en Extremadura) y las de 2026 —en Andalucía y Castilla y León— como un plebiscito nacional contra la "derecha destructiva". Pero la realidad es tozuda: su desgaste personal, con una popularidad por los suelos tras años de pactos con independentistas y cesiones territoriales, convierte esta táctica en un bumerán. Fuentes de La Moncloa lo admiten en privado: están convencidos de que, si van al debate de modelos sociales, sanitarios y educativos, ganarían ellos, pero el eco de las derrotas regionales socialistas en 2023 resuena aún como advertencia. El PP, lejos de amedrentarse, aplaude con entusiasmo. "Sánchez está achicharrado. Ojalá se le vea mucho en la campaña", ironiza un barón popular, mientras dirigentes en Madrid, Andalucía o Extremadura se relamen ante la oportunidad de movilizar a su base conservadora y captar a los socialdemócratas huérfanos de un PSOE cada vez más radical.
El verdadero drama, sin embargo, se cuece en las filas socialistas. Los barones del PSOE —aquellos líderes regionales que aún conservan feudos en Castilla-La Mancha o Asturias— miran con pavor esta deriva centralista. ¿Para qué nacionalizar unas contiendas autonómicas donde el Gobierno central tiene una imagen de marca perjudicial? En privado, expresan su cabreo: la estrategia de Sánchez no solo expone al partido a un voto castigo generalizado, sino que ignora las realidades locales, donde los ciudadanos premian la gestión concreta sobre los fuegos artificiales madrileños. Figuras como Emiliano García-Page o Ximo Puig, que ya han chocado con el sanchismo en el pasado, ven cómo su margen de maniobra se reduce a la mínima expresión.