ESdiario

enfoques del director

Ábalos podría cantar y Sánchez tiembla: 24 años de cárcel pueden cambiar su estrategia de silencio

Creado:

Actualizado:

El fiscal anticorrupción pide 24 años de cárcel, nada más y nada menos, para José Luis Ábalos por el 'caso de las mascarillas'. Le achaca 5 graves delitos: organización criminal, cohecho, tráfico de influencias, malversación de caudales públicos y uso de información privilegiada. Para Koldo García, chófer y asesor del exministro, el fiscal pide 19 años y medio de cárcel por los mismos 5 delitos. Le considera el 'alter ego' de Ábalos, es decir, su 'otro yo', una extensión de su jefe, que actuaba bajo sus órdenes y con plenos poderes. Víctor de Aldama, por su parte, se enfrenta a una pena mucho menor, 7 años de prisión por 2 delitos, concretamente organización criminal y cohecho, y una multa de casi 4 millones de euros.

De Aldama el fiscal dice abiertamente que "ha reconocido los hechos que se le atribuyen" y ha aportado detalles "relevantes", "veraces" y "no autoexculpatorios" sobre la trama y sobre su relación y modus operandi con Ábalos y Koldo. Por eso reconoce que le aplica la atenuante de la confesión prevista en el artículo 21 del Código Penal.

Esto puede ser clave: la colaboración de Aldama con la justicia se traduce en una petición de pena reducida respecto a la de Ábalos y Koldo. La perspectiva de pasarse a la sombra 20 años es demoledora. Aldama les ha enseñado el camino, ahora explicitado negro sobre blanco por el fiscal. Así que el ex ministro y el ex asesor ya saben lo que tienen que hacer: cantar, colaborar con la Justicia. Y el tiempo apremia.

Tienen que decidir rápido si prefieren pactar con la fiscalía o creer las promesas que pueda estar haciéndoles el PSOE o el Gobierno, Pedro Sánchez en definitiva. Quizás les han podido prometer un indulto, como ya hemos visto uno a los líderes del procés que fueron encarcelados. Si es por su propio beneficio, Sánchez es capaz de eso y de casi cualquier cosa. Y su silencio es caro porque si hablan pueden temblar los cimientos de Ferraz y La Moncloa a la vez. El problema es que Ábalos y Koldo tienen que fiarse no de Sánchez, que es mucho, sino de que Sánchez esté en el poder cuando llegue el momento de concederles ese indulto o cualquier otra cosa que les puedan prometer. Y eso parece descabellado.

Ábalos y su chófer o asesor o conseguidor se están jugando la libertad y el fiscal anticorrupción les ha puesto los pies en la tierra. Ahora hay que ver cómo reaccionan. Y no es un tema menor. De eso, de cómo reaccionen, puede depender el futuro de Sánchez y de su Gobierno.

tracking