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España pide urnas. Sánchez pide tiempo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece ante la Comisión de Investigación sobre el caso Koldo en el Senado

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece ante la Comisión de Investigación sobre el caso Koldo en el SenadoEuropa Press

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Pedro Sánchez vive el momento definitivo de su ciclo político. No es retórica: es mecánica. Cuando un presidente pierde su mayoría, su credibilidad, el control institucional y la confianza pública, solo puede hacer dos cosas: convocar elecciones o alargar la agonía. Y Sánchez, como buen superviviente de sí mismo, ya ha elegido la segunda.

La legislatura está clínicamente muerta. Tres años sin Presupuestos. Junts ha roto. El PNV ya habla en pasado. ERC mira para otro lado. Sumar se evapora.

  • El Gobierno es hoy una mesa camilla donde solo queda propaganda.

Pero la política no es el único frente que se ha derrumbado. La justicia ha entrado donde la política ya no llega:

  • Un fiscal general condenado por perseguir ilegalmente a una adversaria como Ayuso.
  • Una esposa investigada, con grabaciones y documentos comprometedores.
  • Un hermano imputado, camino del banquillo.
  • Un partido bajo sospecha, con la UCO describiendo comisiones del 2%, tarjetas de lujo, fontaneras que enseñan vídeos sexuales de fiscales y un triángulo Koldo-Ábalos-Cerdán de prostíbulos y chistorras que haría sonrojar al peor PSOE de los 90.

La descomposición no es un episodio: es un sistema.

Y ese sistema tiene dueño.

Por eso la pregunta ya no es qué hará Sánchez. Es qué puede hacer España.

Porque este país no puede seguir meses atrapado en un Gobierno que no gobierna, un Parlamento que no legisla y una Moncloa convertida en búnker de supervivencia personal. La legitimidad está rota por abajo —los socios— y por arriba —las instituciones—. Y cuando un presidente solo administra tiempo, ese tiempo es pérdida.

Convocar elecciones anticipadas sería un gesto de responsabilidad. Pero la responsabilidad no forma parte del ADN político de Sánchez. Sí la resistencia. Sí el cálculo. Sí el “yo o el caos”. Aunque el caos ya esté aquí.

El presidente anuncia que seguirá hasta 2027. Pero la realidad no obedece a declaraciones. Obedece a mayorías, a sentencias, a credibilidad… y Sánchez hoy no tiene ninguna de las tres.

  1. España necesita urnas. Sánchez quiere tiempo.

Y cuando un país y su presidente quieren cosas distintas, solo hay dos salidas: la dignidad del adelanto… o la lenta corrosión del poder.

Sánchez optará por lo segundo. España ya está preparada para lo primero.

A.M. BEAUMONT

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