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Sánchez utiliza la condena al fiscal para sus casos pendientes: un plan sin escrúpulos a su medida

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El fiscal general ha dimitido cinco minutos después de que le echaran, de que el Tribunal Supremo le condenara e inhabilitara. Humillado, desprestigiado y degradado, Álvaro García Ortiz ya no va a poder hacer gala de los privilegios que exhibió durante el juicio, entrando al Tribunal Supremo en coche oficial y por la puerta principal y sentándose en estrados, no en el banquillo, ataviado con su toga y sus puñetas. Se acabó. Termina muy mal, fatal, por comportarse como una marioneta del presidente del Gobierno en vez de ejercer de forma independiente, como marca la ley.

A Sánchez le importa un bledo, claro. Por mucho que diga que es inocente, que tiene la mejor consideración sobre él y que va a recurrir la condena ante el Tribunal Constitucional, lo cierto es que no le importa o, mejor dicho, solo le importa en la medida que está utilizando el caso de García Ortiz como estrategia de cara al futuro. 

Sí, Sánchez se rasga las vestiduras por la condena al fiscal general pensando realmente en él mismo y en cómo aprovecharlo para lo que viene. Apelar al lawfare, a que los jueces actúan por motivaciones políticas, al "golpismo con toga" y otras barbaridades que hemos escuchado es su forma de apuntalar la argumentación frente a posibles condenas en un futuro próximo de su hermano, el músico, y su esposa, Begoña Gómez la pentaimputada. Si cae el hermano repetirá el mismo show antisistema que está dando ahora con el fiscal general: los jueces fachas condenan al hermanísimo para atacarle a él. Si Begoña Gómez es condenada, pues tres cuartos de lo mismo.

Sánchez busca movilizar a sus votantes y qué mejor manera que enardecerles con la falsedad de que los jueces son de derechas y dictan sentencia por razones políticas. Les lleva al extremo con la esperanza de polarizar, movilizar y crispar, con el peligro que ello conlleva para la convivencia. 

Pero es que Pedro Sánchez ha demostrado que le da igual destruir las instituciones de su país y enfrentar a los españoles entre sí, con tal de llegar al poder o mantenerse en él. Le da igual reunirse en secreto en un caserío con un condenado por terrorismo como Otegi, que hacer lo mismo con el golpista Puigdemont, que tener secretarios de organización corruptos, que financiar las primarias con dinero de los prostíbulos. Un tipo capaz de todo eso ni pestañea si tiene que desprestigiar al Poder Judicial y al Tribunal Supremo para salvarse él.