Franco y las “provincias traidoras”

Por Pedro Nuño de la Rosa

Yate "El Azor"

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Pedro Nuño de la Rosa

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Sobradamente conocida es la historia es del Stanbrook, paquebote británico que el 28 de marzo de 1939, partió del puerto de Alicante con destino al de Orán transportando hacia el exilio 3.000 republicanos con otros 15.000 (las cifras varían según historiadores) en los atestados muelles portuarios cuando huían para salvar su vida, mientras las tropas franquistas ya entraban en la ciudad por el sur haciendo el honor de ocupación y término real de la contienda a la brigada de voluntarios fascistas italianos (División Littorio) tomando Alicante sin pegar un solo tiro.

Aunque el término de “provincias traidoras” en un principio del Régimen se aplicó a Guipúzcoa y Vizcaya, no es menos cierto que a Alicante nunca se la tuvo por una provincia adepta o amiga al levantamiento militar, sino todo lo contrario, manifiestamente por ser la última en caer, no habiéndose rendido tras el bombardeo genocida Mercado Central en 1938. Quizá la salvó de tan denigrante calificación adversa el que José Antonio Primo de Rivera (fundador de Falange, soporte intelectual y asociativo de los golpistas) fuese fusilado en la prisión alicantina, tras fracasar las negociaciones en París para el canje de José Antonio por un hijo del sindicalista y ministro socialista Largo Caballero.

De hecho el dictador no frecuentaba demasiado territorios alicantinos salvo para satisfacer su ego de “Caudillo” (en 1940 y tras el obligado-obligatorio baño de masas fue nombrado “hijo adoptivo de la ciudad”), u otras fugaces visitas a partir de 1950 para subirse en su yate “El Azor” saliendo a la mar donde “le pescaran” bonitos y atunes con sólo sostener la caña. Todavía recuerdo, de muy niño, ver pasar las “haigas”, aquellos impresionantes coches negros americanos, que a toda velocidad, y precedidos por las motos Sanglas trasladaban y escoltaban al “Caudillo” viniendo por la carretera de Madrid hasta llegar al muelle del puerto donde esperaba un navío de recreo impresionante fuertemente escoltado por la Guardia Civil, que no por la policía portuaria, siempre en segunda línea vigilante.

 Sabíamos que era “él” (sin llegar a verlo) porque nunca se daba parafernalia semejante despejando calles custodiadas discretamente por las fuerzas de seguridad. Pocos días después de su vuelta pesquera aparecían en periódicos, revistas y en el No-Do las fotos del dictador presumiendo de las mejores capturas, lo que provocaba la hilaridad de mucho aficionado y entendido tirando curricanes y anzuelos con buen peso de fondo, quienes nos decían a los críos, supongo que confiando en nuestra forzosa inocencia, que aquello era absurdo por imposible, salvo que se enganchasen pescados de tal tamaño, y el autócrata sólo tuviera que tirar de ellos con un buen carrete.

El que fuera buen amigo mío, Miguel Abad Miró, pintor y arquitecto, me contaba que el encargo de la Cruz de los Caídos por el nuevo ayuntamiento franquista (1939), además de su supuesto prestigio como profesionales, tenía otra imposición penalizándolos por ser tanto el principal coautor y arquitecto Miguel López como él (estuvo encarcelado) propiamente conocidos republicanos, tal cual la mayoría de sus conciudadanos tirando (casi siempre) electoralmente hacia las izquierdas y en favor de la República. Probablemente y por ello la represión franquista resultó muy dura en toda la provincia de Alicante, pero mayormente en su capital, ahí quedan como desventurados y crueles hitos históricos los campos de concentración “Los Almendros” y “Albatera”, este último en el municipio de San Isidro, donde morir era un alivio, si no te habían fusilado antes junto a las tapias del cementerio o en la plaza de toros.

Estos días en que tanto se remueven las osamentas franquistas, creo que todos debemos pasar página, (incluidos quienes tanto llegamos a odiar al dictador cuando sufrimos detenciones y vejaciones en una siniestra comisaría aplicadas por la brigada político-social, como quienes despreocupados de la cosa pública eran ajenos al Régimen católico-fascista; véase el libro de Cerdán Tato “La lucha por la democracia en Alicante”), e instalarnos en un presente sin mayor caudillaje que el de las urnas. Hay que fijarse preguntando a hijos y nietos quién fue aquel Francisco Franco Bahamonde, les suena más o menos igual que nosotros nos podían incomodar en la memoria los desastres de Cuba y Filipinas o la dictadura de Primo de Rivera padre. Poco menos que nada.

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¿O pretenden cambiar la Ley de Memoria Histórica de 2022? y empezamos a meter octogenarios en la cárcel, porque lo que es suprimir por decreto a Vox, que ya juró la Constitución vigente y por mucho que lo pretendan en sus ensoñaciones estalinistas no podrán expulsarlos del Congreso ni del Senado, aunque hablen maravillas de los 40 años de opresión y les parezcan redomados – irrecuperables – fachas. Exhumar los restos históricos de aquel inhumano de vocecilla cansina provoca el efecto contrario: que el 20% de la juventud pueda votar a los de Abascal, y bastante resto se lo esté pensando. Miedo me da.