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Sánchez ya no conoce a Ábalos y Pilar Alegría reniega del “vomitivo” Paco Salazar: un Gobierno grogui

Este doble sainete revela un Ejecutivo aturdido por sus propios fantasmas. Ábalos y Salazar no son excepciones, sino síntomas de un poder que devora a los suyos cuando dejan de ser útiles

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, y el por entonces ministro de Fomento, José Luis Ábalos, en una reunión del PSOE en 2019.

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, y el por entonces ministro de Fomento, José Luis Ábalos, en una reunión del PSOE en 2019.Europa Press

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En el circo político que se ha convertido el Palacio de la Moncloa, Pedro Sánchez ha vuelto a desplegar su amnesia selectiva que no es más que un gran cinismo. Este martes, el presidente del Gobierno ha declarado que José Luis Ábalos, su exministro y mano derecha durante años, es “un gran desconocido” para él en lo personal. ¿En serio? El mismo Ábalos que organizó la moción de censura contra Rajoy, que pilotó pactos con independentistas y que compartió viajes en Peugeot y fiestas privadas con Sánchez. Ahora, con Ábalos en el ojo del huracán por corrupción, el líder socialista lo tacha de mentiroso y lo expulsa del panteón de la lealtad. “Todo lo que dice es mentira”, ha sentenciado Sánchez, rechazando cualquier chantaje. Pero esta desmemoria huele a cálculo: ¿quién necesita aliados cuando puedes reinventar la historia a golpe de rueda de prensa?

No menos surrealista es el episodio de Pilar Alegría, portavoz del Gobierno y baluarte del feminismo oficialista. Hace apenas unas semanas compartía mesa y mantel con Francisco “Paco” Salazar, el exasesor de Moncloa denunciado por acoso sexual a varias subordinadas. Fotos y testimonios lo confirman: una comida íntima, de amigos, en pleno Madrid. Este miércoles, Alegría califica de “vomitivo” su comportamiento y exige su cese inmediato, mientras defiende el protocolo antiacoso de La Moncloa como “garantista”. ¿Justificación? Era algo privado, por amistad, repiten desde el PSOE. ¡Qué conveniente! De la complicidad a la repulsa en un abrir y cerrar de ojos, como si el escándalo no existiera hasta que salpica al partido. Este renegar tardío ridiculiza el discurso igualitario del Gobierno, que silencia abusos internos mientras predica virtud en los mítines.

Este doble sainete revela un Ejecutivo grogui, aturdido por sus propios fantasmas. Ábalos y Salazar no son excepciones, sino síntomas de un poder que devora a los suyos cuando dejan de ser útiles. Sánchez, maestro del relato, acumula contradicciones: de “gran desconocido” a “arquitecto de mi era”, según convenga. Alegría, atrapada en su hipocresía, pasa de confidente a verdugo. ¿Cuánto durará esta farsa antes de que el electorado, harto de excusas, exija coherencia? Un Gobierno que reniega de su pasado no merece futuro. Es hora de despertar del letargo y enfrentar la realidad: la confianza se pierde con mentiras, no se recupera con declaraciones.

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