La Paqui y el Paco

(Foto de ARCHIVO)
El exsecretario de organización del PSOE, Santos Cerdán (d), junto a su abogado Jacobo Teijelo (i) atiende a los medios a su salida de la prisión de Soto del Real
Hubo un tiempo en el que Pedro Sánchez estaba convencido de que pasaría a la Historia, con mayúsculas, por haber exhumado a Franco de un gran monumento como el del Valle de los Caídos. Lo que nunca imaginó es que sólo se iba a cumplir la primera frase de su vaticinio.
Porque, sí, este presidente va a pasar a la historia – con minúscula–, pero no gracias al cadáver del dictador, sino por haber demolido los principios y valores sobre los que se sustentaba su partido, edificando en su lugar una especie de Rue del Percebe versión híper cutre donde, por lo visto, las Paquis y los Pacos brotan como níscalos en otoño.
Imposible no preguntarse de dónde ha salido semejante fauna, y cómo ha terminado toda ella en un mismo corral, la una (presuntamente) abriéndose paso a golpe de tarjeta y el otro (supuestamente) practicando la bajada de bragueta en horario laboral.
La Paqui y el Paco son en sí mismos una hipérbole del paletismo, de la zafiedad y del quiero y no puedo hasta que han podido y les han dejado. Y otro tanto se puede decir de Santos, de Jose Luis y de Koldo, ese trío de ases con el que Pedro ganó la partida que le llevó a la Moncloa.
Lo grave de este culebrón, escabroso por demás, es que el presidente siga en sus trece de echar balones fuera utilizando el argumento de estar en la inopia, que es, por cierto, el mismo que en su día esgrimió, por ejemplo, Ana Mato antes de que los suyos la dejaran caer los pies de los cuatrocientos caballos del Jaguar de su marido. Ahí lo dejo.