CARTA A LA REINA LETIZIA

La Reina Letizia, el pasado 12 de noviembre en China.
Majestad:
Ésta es la primera vez que os escribo, y la primera vez que escribo a una Reina. Coincidimos en la última Feria del Libro de Madrid, aunque no llegamos a hablar. Yo estaba firmando mis libros, o estaba dispuesto a hacerlo, y llegasteis con el alcalde, con la directora de la Feria y con muchos fotógrafos cerca de donde yo estaba. Pero no llegamos a conocernos, más allá de que creo que reparasteis en mi presencia, la de un escritor más sin embargo.
Me parece un buen lugar para conocernos una Feria del Libro como la de Madrid, porque yo adoro los libros y me da la sensación de que también los debéis de apreciar mucho. Al fin y al cabo le regalasteis al Rey Felipe, cuando era príncipe, en un momento señalado, una novela histórica de Larra haciéndola famosa.
Para escribir esta carta me he documentado, en Internet y en algún libro, pero sobre todo he recurrido a mi memoria y a mi curiosidad. Son dos muy buenas herramientas para un escritor.
Erais periodista y creo que habéis mantenido ese espíritu siempre, el que os permite interrogar a la realidad y luego actuar y dirigiros al mundo con las mejores palabras, claras y con mucho contenido. Este verano, cuando en el Noroeste sucumbíamos ante tanto incendio supisteis dirigiros así a la gente, con claridad y con vuestro propio análisis y discurso. De todos modos eran palabras llanas, pero se percibían meditadas, con intención. Recuerdo que aludisteis al problema de la España vacía, lo que para mí fue una grata sorpresa por el acierto que implicaba.
Me parece que el modelo de la Reina Sofía, a quien tanta admiración tenemos tantos españoles, era más discreto, más de expresar sin palabras, dejando que su propia presencia hablara, y supongo que la del propio Rey. Pero habéis optado por una mayor acción y un mayor protagonismo en los actos que os involucran más, por lo que he podido ver. No sé si es tópico decirlo, pero me parecéis una mujer moderna modernizando un papel que viene de muy antiguo, de la noche de los tiempos seguramente.
Siempre os he visto en vuestro sitio, dando ejemplo a todos de cómo se debe desempeñar una función, y no sólo tan elevada como la vuestra sino cualquier función, con profesionalidad y con amor por lo que se hace.
Y con la inteligencia que se trasluce en vuestros gestos y palabras. Qué suerte tenemos los españoles, pienso yo, de tener una Reina tan inteligente, que sé que se prepara los asuntos y que luego tiene algo personal que decir. Algo acertado.
En fin, Majestad, no quiero ser adulador, no es ése mi propósito. En realidad esta carta nace de ese encuentro en la Feria del Libro de Madrid en el que la Reina, el alcalde, la policía, las autoridades de la Feria… el día de su inauguración, pararon prácticamente delante de la caseta en la que yo firmaba mis libros, y me quedé paralizado ante vuestra presencia cuando ya pensaba que no la iba a ver este año.
Y tuve la impresión de que habíais reconocido mi nombre en la foto, en la parte de arriba de la caseta, donde se anuncian los autores que firman ese día. O tal vez que habíais leído algo mío en Internet, algún artículo, o algún libro mío. Pero esto ya era mucho suponer. A veces pienso que eso no es probable. Aunque sí recuerdo que un ejemplar de mi biografía Pedro J. Tinta en las venas os la mandó la editorial con mi dedicatoria a vos y al Rey cuando erais príncipes, recién salido de la imprenta. Y que no hace mucho tiempo le había escrito al Rey Felipe una carta en la revista Zenda. Quizá la habíais leído.
Así que sí es posible que me conocierais, que os sonara mi nombre, sin ser famoso, que no lo soy. Pero a mí me hizo ilusión encontrarme en la Feria con la Reina de mi país, con mi Reina.
¿Pero cómo se escribe a una persona que no se conoce? Basándose en lo que sí se conoce, que si lo pienso bien es mucho, en todos estos años de veros en los medios de comunicación, y en lo que he podido leer en algún libro, como la biografía de El príncipe, de José Apezarena, que recuerdo que, como yo, trabajó en el diario Expansión, y que ahí pude verle entonces.
Pensándolo bien, una mujer moderna puede modernizar una muy antigua función, y la monarquía española en estos años se ha modernizado mucho. Todo, sin sentirlo, conforme pasan las épocas se va adaptando a ellas, y malo, imagino, que no lo haga. Una dinámica periodista puede poner mucho de sí a favor de la Monarquía, y a favor de ese papel, sin duda, tan difícil, pero sin duda también de hondo significado, y largo alcance, como de la Reina.
Quizá la comparación o metáfora es un tanto fácil, no lo sé, pero me arriesgo a ensayarla: en el ajedrez la pieza de la Reina es sumamente valiosa, la que se mueve con mayor libertad, la que tiene mayor fuerza. El rey en el ajedrez parece más un símbolo, aunque es el principio y el final de la partida, el objetivo de todos los esfuerzos, a un lado y a otro, también los de las dos reinas.
En fin, yo sólo quería decir lo obvio, Majestad, que vuestra función es trascendental, que podéis hacer desde ella mucho bien, y que por todo lo que he visto hasta ahora lo habéis comprendido muy bien. Como en su momento sugirió el Rey Don Juan Carlos al hablar de la Reina Sofía, al decir de ella que era “una profesional”, como máximo elogio, el papel de la Reina era, también, un oficio, y por extensión un trabajo. Aparte de difícil, como dije antes, agradecido, muy agradecido, por lo menos en muchos aspectos y desde muchas personas de buena voluntad que os agradecen vuestros esfuerzos y desvelos.
¿A quién dirigirme? ¿A la Reina, que respeto? ¿A la persona, que no conozco, pero intuyo? ¿A la periodista que fuisteis, que valoro? Creo que a las tres debo escribir esta carta, pues las tres forman la misma esencia, y las tres colaboran decisivamente a la misma realidad. Por no hablar de la madre, la madre de Leonor y de Sofía, y tantas cosas más que somos las personas en nuestro paso por la tierra.
Creo que sois una gran lectora, y eso me acerca a vuestra figura, pues a mí me gusta mucho leer, de lo que más me gusta en la vida. Aunque también me guste mucho escribir, todavía más; si leer para mí es vivir, leer y escribir forman algo así como un mismo corazón, un mismo movimiento, y cada cosa enriquece a la otra y va a dar en lo mismo, si me permitís decirlo así.
Quizá ocurra algo parecido a lo que decía antes de vuestra condición de persona, reina y persona. No creo que por ser Reina hayáis dejado de ser periodista, en el fondo, y mucho menos de ser la persona que erais, Letizia. No me extrañaría nada que os documentarais para vuestros temas como la periodista que erais, y que a la hora de expresaros en los distintos foros a los que acudís, como recientemente os he visto en unos premios de Innovación e Innovadores, no utilicéis vuestras habilidades como periodista.
La vida es la mejor maestra. La vida nos va enseñando a medida que la vivimos. Nosotros también influimos en ella, le imprimimos nuestro sello personal, pero es ella, mucho más, la que nos influye a nosotros. Sin duda, Majestad, vuestra posición os otorga una función de mucha mayor influencia, de mucha mayor capacidad para hacer el bien, para ayudar, que es una inquietud que siempre he observado en el Rey Felipe respecto a España y los españoles.
No sé si algún día hablaremos. Supongo que es difícil. Tampoco es necesario. Es posible que para escribir sobre las Reinas no haga falta conocerlas, sin dejar de tratarlas con respeto, naturalmente, y en mi caso también con admiración, porque una persona que hace lo que hace nuestra Reina, y también una mujer llamada Letizia Ortiz, suscita mi admiración, y seguro que la de mucha gente. También admiro mucho a la Reina Sofía, que ya he dicho antes que era una reina de otro estilo, pero siempre en su lugar, siempre amable, siempre admirable finalmente.
Considero que los españoles tenemos una gran suerte de tener estas mujeres inteligentes en puestos tan importantes, personas que nos representan en todo momento, en todo lugar, en España y en el extranjero, de la mejor manera posible. Dan de nosotros la mejor imagen, y el mejor fondo.
Por todo ello, muchas gracias, Majestad. Quizá este camino que os surgió hace unos 25 años, si no calculo mal, no era el vuestro inicial, vuestra primera vocación, una mujer tan amante de los medios de comunicación, de la lectura y de la cultura, pero considerad que diferentes sendas pueden conducir a los mismos destinos, enriquecidos, si me permitís decirlo. Podéis ser fiel a vuestra personalidad y a vuestra vocación e intereses de distinta manera, para nuestra fortuna y beneficio, el de todos los españoles.
Eso es lo que pienso cuando os veo inaugurar la Feria del Libro de Madrid, por ejemplo, o acudir a un acto en la Cuesta de Moyano, o entregar unos premios de Innovación, pronunciando un informado y personal discurso. Hemos ganado una Reina para España. Ahora que escribo esta carta sólo espero haber sido digno de ella.