Sánchez, de rutas en el Peugeot con "desconocidos"
Pedro Sánchez, José Luis Ábalos, Santos Cerdán y Koldo (al fondo)-
Pedro Sánchez ha dicho que José Luis Ábalos es “un gran desconocido” para él. El hombre que negoció la moción de censura, que controló Transportes, que repartió poder en Ferraz, que ejecutó pactos con independentistas, que lo acompañaba a todas horas… de pronto, nadie. Esa frase no busca describir a Ábalos. Busca borrarlo.
Porque el 'sanchismo' tiene un método tan claro como inquietante: cuando alguien cae, no se le defiende, se le niega. Si un escándalo estalla, no se explica, se elimina. Cuando la corrupción salpica, no se asume, se olvida. Koldo, fue “un militante irrelevante”. Cerdán, “un responsable territorial que llegó a Ferraz”. Torres, “una polémica administrativa”. Ahora, Ábalos: “no sé quién es”. El poder no solo usa a las personas. Las desaparece.
Lo que Sánchez quiere que olvidemos es que Ábalos fue una pieza central de su gobierno y de su supervivencia. No fue un satélite. Fue el motor. Y lo fue hasta el mismo día en que la corrupción lo devoró. Pero la amnesia presidencial no tapa los hechos:
– Ábalos está en prisión.
– Koldo fue su operador.
– Cerdán aparece en informes de la UCO.
– La esposa del presidente, investigada.
– El hermano, imputado.
– El fiscal general, condenado.
El PSOE no vive un caso. Vive un ecosistema que no nació solo: lo creó Sánchez. Por eso la frase “gran desconocido” no es solo cínica; es reveladora. Es la confesión involuntaria de un presidente atrapado en su propio laberinto: si reconoce a sus cómplices, se reconoce a sí mismo.
Ábalos, que fue poder, hoy es prescindible. Como lo será cualquiera que comprometa la supervivencia del líder. El 'sanchismo' no entiende de fidelidad. Solo le vale la utilidad. Gobernar no es rodearse de leales. Es asumir la responsabilidad sobre aquellos a los que uno puso ahí. Y Sánchez, en eso, no gobierna: huye.
A estas alturas, el presidente no necesita enemigos. Tiene a sus “desconocidos”. Todos esos nombres que ayer sostenían el poder y hoy pesan como pruebas. Sánchez dice que no recuerda quién era Ábalos. España, en cambio, recuerda perfectamente quién es Sánchez. A.M. BEAUMONT
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Enrique Martínez Olmos