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Yolanda Díaz se queda en el Consejo de Ministros que a su juicio ya no sirve: la hipocresía de Sumar

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, saluda a Yolanda Díaz

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, saluda a Yolanda DíazEuropa Press

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En un nuevo capítulo de la tragicomedia que representa la coalición de Gobierno en España, Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda y líder de Sumar, ha lanzado este viernes un órdago al presidente Pedro Sánchez: una "remodelación profunda" del Ejecutivo, un "cambio radical de arriba abajo" que, en sus palabras, es imprescindible porque "así no se puede continuar". La excusa: la cascada de escándalos de corrupción, acoso sexual y machismo que salpica al PSOE, desde informes de la UCO sobre Santos Cerdán hasta detenciones en la órbita de María Jesús Montero, pasando por dimisiones en las filas socialistas por denuncias de abusos. "Lo que está pasando es muy grave. Basta ya", clamaba Díaz en una entrevista en La Sexta, donde pintaba un panorama de "deterioro mayúsculo" e "insoportable hastío".

Sin embargo, la respuesta de Moncloa no se hizo esperar: "No nos lo planteamos", zanjó Sánchez, defendiendo a capa y espada a su equipo ministerial, al que no ve salpicado por los casos y del que se declara "contento". Solo contempla "cambios quirúrgicos" de cara a las elecciones autonómicas, como la previsible salida de Pilar Alegría para capitanear Aragón en febrero o de Montero rumbo a Andalucía en 2026. Nada de revoluciones, nada de limpiezas radicales. Y ahí, en ese callejón sin salida, emerge la hipocresía suprema de Yolanda Díaz y su Sumar: exigen un Gobierno "reformulado de manera radical" pero se aferran a sus sillones como percebe a la roca, disfrutando de los privilegios que tanto critican en otros.

¿Acaso no es esto el colmo del cinismo? Díaz, que se presenta como la paladina de la decencia y la igualdad, vive en un ático de 400 metros cuadrados con servicio incluido, coche oficial, escolta y un sueldo que supera los 100.000 euros anuales, todo pagado por el contribuyente que ella presume de defender. Si el Ejecutivo es tan "insoportable" –corrupto, machista, delirante–, ¿por qué no dimite ella misma y arrastra a sus compañeros de Sumar al banquillo de la oposición? "Tomaremos las decisiones que tengamos que tomar", amenaza en abstracto, pero ni una palabra sobre ruptura, ni un ultimátum concreto. Es el mismo patrón que en julio, cuando Sumar tragó con promesas de medidas anticorrupción que aún duermen en el cajón del Congreso, condicionando su permanencia a la ausencia de "financiación irregular" que, sorpresa, ahora inunda los titulares.

Esta pose de indignación selectiva no es nueva en la izquierda radical chic. Sumar, heredera de la fragmentación de Podemos, ha hecho de la crítica al PSOE su principal activo electoral, pero solo hasta donde le conviene. ¿Recuerdan la crisis del 23J? Díaz y los suyos volvieron al redil con un "giro social" que nunca llegó, tolerando lo intolerable para mantener el botín ministerial. Hoy, con la UCO registrando despachos y el PSOE ahogándose en denuncias de acoso, optan por el berrinche público en lugar de la coherencia: "Si tanto te molesta, vete", le espetan en redes, usuarios hastiados de tanta doble moral. Y tienen razón. Quedarse en un Gobierno que "ya no sirve", como ella misma juzga, no es valentía ni presión constructiva; es complicidad disfrazada de virtud.

El daño colateral de esta farsa es evidente: debilita a la coalición progresista, acelera la descomposición hacia unas elecciones anticipadas que nadie quiere pero todos intuyen, y regala munición al PP de Feijóo, que ya lame los labios ante el espectáculo. Mientras, las mujeres –a las que Díaz invoca como escudo– ven cómo el machismo rampante en el PSOE se resuelve con protocolos de papel mojado, y los ciudadanos, con la corrupción enquistada, pagan el pato de un Ejecutivo paralizado. Sumar podría forzar un volantazo real saliendo del Gobierno y apoyando puntualmente lo asumible, como hace un Podemos que, al menos, ha optado por la independencia. Pero no: prefieren el postureo, el "así no se puede" que no va más allá de un tuit incendiario.

Yolanda Díaz, si de verdad cree en ese "punto de inflexión" que predica, que actúe. Que deje el Consejo de Ministros que tanto detesta y demuestre que su indignación no es solo un escalón para su ambición personal. De lo contrario, esta hipocresía de Sumar no será más que otro capítulo en la novela negra de la izquierda española: mucho ruido, pocas nueces, y un país estancado en la mediocridad. Basta ya, en efecto. Pero empezando por casa.

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