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Alta tensión con Sánchez: Junts le chulea con la vivienda y plantón al Rey en Ceuta

editorial

Sánchez, el iluminado, quiere seguir una década en el Gobierno: sus socios ven insostenible la situación

Esta obstinación sanchista erosiona la igualdad entre españoles con concesiones territoriales a cambio de supervivencia. La acumulación de casos judiciales y la pérdida de credibilidad convierten su permanencia en un lastre

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su balance del año

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su balance del añoEuropa Press

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Pedro Sánchez, en un arrebato de autocomplacencia que roza lo delirante, ha proclamado su intención de "culminar esta década" al frente de La Moncloa, proyectándose más allá de 2027 como si España fuera su patrimonio personal. "No estoy cansado, lo contrario, y tengo ganas de continuar", declaró, asegurando que los españoles "nunca se van a hartar" de su Gobierno, al que describe como "eficaz a prueba de bombas". En plena crisis por escándalos de corrupción y acoso sexual que salpican al PSOE, el presidente se muestra "cargado de determinación", minimizando el "dolor y decepción" y defendiendo su "contundencia".

Pero la realidad es tozuda: sus socios de investidura marcan distancias y cuestionan la viabilidad de la legislatura. El PNV, con Aitor Esteban y el exlehendakari Urkullu, califica la situación de "insostenible" y advierte que no puede prolongarse hasta 2027. Podemos va directo al grano: el Gobierno está "muerto", un cadáver lastrado por corrupción y machismo. ERC, con Rufián y Junqueras, admite "pruebas de corrupción" y exige explicaciones urgentes. Sumar reclama una remodelación profunda ante el goteo de denuncias por acoso. Junts mantiene la ruptura, pese a las cesiones aceleradas de Sánchez —entrada de Cataluña y País Vasco en Unesco y OMT, publicación de balanzas fiscales— que buscan abrir una "ventana de oportunidad".

Esta obstinación sanchista erosiona la igualdad entre españoles con concesiones territoriales a cambio de supervivencia. La acumulación de casos judiciales y la pérdida de credibilidad convierten su permanencia en un lastre. Sus aliados, temerosos de elecciones, empiezan a oler debilidad y abandonan el barco.

España no necesita un presidente iluminado en su burbuja. Por decencia y responsabilidad, Sánchez debe asumir que su ciclo ha terminado. La legislatura agoniza: prolongarla solo agrava el daño al país.

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