la mirilla
Sánchez se absuelve y se va de vacaciones

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la rueda de prensa en la que ha hecho balance del año 2025.
Pedro Sánchez ya ha dictado sentencia. La culpa es de todos los demás. Él, no.
Los jueces, la oposición, los medios, Europa, la derecha, la ultraderecha, los socios que se desmandan, los suyos cuando hablan de más… Todos responsables.
Sánchez, en cambio, es el que salva España.
Por eso tiene que seguir. No por ambición —faltaría más—, sino por deber histórico.
La Historia, según él mismo, no le perdonaría que abandonase ahora. España, claro, entendida como La Moncloa con vistas.
El razonamiento es impecable en su loca huida hacia adelante: no le queda otra más que resistir; si se fuera, llegaría el apocalipsis de PP y VOX. Conclusión lógica: quedarse es un acto de generosidad patriótica.
Y tras absolverse, toca descanso. El día 23, Sánchez, pase lo que pase, se va de vacaciones hasta después de Reyes. Se lo merece. Con los disgustos que le dan los suyos —detenciones, imputaciones, dimisiones— y los otros —jueces impertinentes y periodistas malpensados—, el presidente necesita desconectar.
España puede esperar. Las instituciones también. Los escándalos, si eso, se archivan para enero.
Mientras tanto, felices fiestas. Él descansa. Nosotros seguimos leyendo atestados.
Porque en el país de Sánchez, la responsabilidad siempre es ajena y el mérito siempre propio. Gobernar cansa. Explicar, aún más.
Y descansar cuando todo arde es el último lujo del poder convencido de que no tiene alternativa.
A.M. BEAUMONT