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Sánchez, Gallardo y Zapatero: el PSOE se juega las elecciones en Extremadura atrapado en un triángulo letal

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Los extremeños votan este domingo en unas elecciones que pueden ser históricas por dos cosas: posible, aunque muy difícil, mayoría absoluta del PP y hundimiento del PSOE, algo que según todas las encuestas serias va a suceder de manera irremediable.

La comunidad autónoma más socialista de España va a votar mayoritariamente a la derecha: la suma de PP y Vox superará el 50% de los votos. El PSOE se enfrenta a una debacle, encerrado en un triángulo letal en cuyos 3 picos se sitúan el candidato Gallardo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el expresidente Zapatero.

Gallardo es el peor candidato posible. Ningún manual de política del mundo aconsejaría jamás situar como número uno de las listas a un imputado, ya procesado por corrupción, que está a la espera de juicio. Es inaudito. Solo eso le hunde, le descalifica y le deja sin opciones de victoria.

El segundo pico del triángulo letal que hunde al PSOE es Pedro Sánchez, la persona que precisamente ha puesto a Gallardo de candidato a pesar de estar procesado por corrupción. Sánchez, como siempre hace, ha antepuesto sus intereses personales a cualquier otra cosa, en este caso el bienestar del PSOE. Sus intereses personales pasan por defender a su hermano, el músico David Sánchez, origen del caso de corrupción que sienta en el banquillo a Gallardo. Sánchez, con ese vínculo tan directo y personal y con una presencia notable en la campaña, ha reforzado una idea: estamos ante unas elecciones plebiscitarias, una encuesta en las urnas sobre el propio Sánchez, sobre la corrupción del presidente y su Gobierno.

En esa trama de corrupción aparece en los últimos días el expresidente Zapatero, el tercer vértice del triángulo letal del PSOE en Extremadura. Las informaciones sobre su participación en el rescate de Plus Ultra, que ha desembocado en al menos 3 detenciones, es un escándalo que ha saltado en la recta final de la campaña extremeña. Además del daño que eso puede hacer al PSOE allí, ha tenido otro efecto: Zapatero no ha pisado Extremadura, no ha participado en la campaña. El santo al que los socialistas recurrían para pasearle en todas las campañas electorales, una especie de referente, animador y agitador del voto al PSOE, se ha convertido en un elemento tóxico del que huir.

Estos 3 ingredientes, Sánchez, Gallardo y Zapatero, metidos en la coctelera electoral extremeña hacen que el PSOE solo aspire a tener el menos malo de los resultados posibles, la derrota menos severa. Hay que decir que los propios militantes extremeños se lo han buscado: reeligieron a Gallardo como secretario general cuando ya estaba investigado. Prefirieron creer a Sánchez con el rollo del 'lawfare' y la patraña de que todo era una persecución de la ultraderecha antes que usar el sentido común y la decencia. Ahora van a pagar el precio.

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