Elecciones extremeñas: una dulce victoria para una amarga derrota

María Guardiola y Miguel Ángel Gallardo.
Acertar con un titular no siempre es fácil, pues debe llamar la atención a la par que compendiar la información y resaltar lo más significativo de la misma. El “amarillismo" norteamericano implantó la costumbre de titular de forma estrambótica con el único fin de impactar en la retina de los lectores aun cuando ese titular no fuera fiel reflejo de la realidad referida. Este pasado domingo fue un día de esos en los que se intentó implantar uno de esos titulares: “Amarga victoria del Partido Popular”.
Se trató de reeditar la ya célebre frase atribuida a Alfonso Guerra en las elecciones generales de 1996 cuando –supuestamente– dijo aquello de que “nunca hubo una victoria tan amarga ni una derrota tan dulce”. En esta ocasión era menester obviar la segunda parte de la sentencia por razones evidentes. Lo de ayer no fue una amarga victoria salvo para los adoradores del apocalipsis. Lo que sí ha sido es una amarga derrota para el PSOE –o para Sánchez, según se mire– y, en todo caso, una dulce victoria para el Partido Popular.
María Guardiola ha obtenido el segundo mejor resultado de la historia del Partido Popular de Extremadura –un 43% frente al 46% que obtuvo José Antonio Monago en 2011– pero con una importantísima salvedad: entonces todo lo que se situaba a la derecha del PSOE se aglutinaba en torno al PP. Por eso la victoria de María Guardiola con el 43% de los votos solo puede ser calificada como una magnífica victoria. Lo diga quien lo diga. Otra cosa es si ha sido una buena campaña.
En mis numerosas campañas por el continente americano aprendía a distinguir entre ganar campañas y ganar elecciones; cosas completamente diferentes que operan en ámbitos intrínsecamente subyacentes. Y es que solo en unas elecciones muy igualadas –entre dos adversarios– una buena campaña te hace ganar las elecciones. Se puede ganar la campaña y perder las elecciones así como perder la campaña y aún así ganar las elecciones; todo depende de la intención de voto primigenia.
En términos electorales se gana una campaña cuando se superan las expectativas que los sondeos predicen (siempre que esos sondeos estén bien realizados, claro) y, en consecuencia, se pierden cuando no se alcanzan dichas predicciones. A finales de los noventa participé en unas elecciones presidenciales en Perú cuya candidata multiplicó por tres las expectativas electorales: fue una magnífica campaña que no impidió que perdiésemos las elecciones pues nuestra intención de voto original era casi testimonial. Por otro lado, en Colombia ganamos las elecciones presidenciales en segunda vuelta cuando partíamos como perdedores gracias a una magnífica campaña –desde entonces siempre he abogado por sistemas electorales con segundas vueltas, máxime cuando el voto está tan atomizado por numerosos partidos–.
La campaña de Guardiola no ha sido magnífica; las encuestas pronosticaban una horquilla entre el 42 y el 43% y ha obtenido un 43,18%, es decir, ha cumplido las expectativas. Pero ni mucho menos ha sido una mala campaña en tanto que se ha mantenido en la zona alta de la horquilla. Uno de los errores más comunes en España a la hora de interpretar las elecciones es atender a los escaños y no a los porcentajes. La adjudicación de escaños a menudo se muestran caprichosos por la Ley D’Hont. Valga el mismo ejemplo de Extremadura: Vox –que ha tenido un magnífico resultado– ha conseguido 6 escaños más con un aumento de 8 puntos porcentuales (pasando del 8,13 al 16,9%); el PP con un aumento de 4 puntos (pasa del 38,78 al 43,18%) solo ha sumado 1 escaño más.

El presidente de Vox Santiago Abascal y el candidato Óscar Fernández Calle
Así pues, tratar de vender un mal resultado del PP de Guardiola es falaz y malintencionado. A mi modo de ver se cometieron errores importantes en las últimas semanas, sí, y muy probablemente ello tuviera un reflejo electoral, pero la victoria y el buen resultado –desde el punto de vista electoral– es innegable. Vox ha hecho una gran campaña, sin duda, pero no ha ganado las elecciones como se pretende vender. Atendamos a los datos: el PP tenía una expectativa electoral de entre el 41% y el 43% según la mayoría de las encuestas y ha obtenido un 43,18%, es decir, las ha superado en un 0,18%; a Vox las encuestas le atribuían entre un 12 y un 15% y obtuvo el 16,9%, esto es 1,9 puntos más de lo esperado; PODEMOS-IU-AV aspiraba a conseguir entre el 8 y el 9% y ha conseguido 1,25 puntos más, un 10,25%; y, por último, el PSOE ha sacado un 25,72% cuando las encuestas le situaban entre un 28 y un 29%, es decir, 2,28 puntos menos que la parte más baja de la horquilla.
Si tenemos en cuenta que una campaña electoral en España no suele mover más de 4 puntos la predicción electoral, Vox ha hecho la mejor campaña seguido de PODEMOS y el PP, logrando todos superar las expectativas entre los 0,19 puntos del PP y los 1,9 puntos de Vox. El único partido que ha perdido –insisto, electoralmente hablando– ha sido el PSOE que lo ha hecho bajando 2,28 puntos sus expectativas más bajas. En resumen, todos han ganado menos el PSOE.
Otra cosa es el análisis político. Ahí cabe mucho, pero no tanto como para tergiversar los hechos. Se habla de una gran victoria de Vox, y sin duda lo es, ha duplicado su porcentaje –respecto al último resultado electoral– pasando del 8,13% al 16,90%. Pero es que ese hito ya lo consiguió Guardiola en las pasadas elecciones pasando del 27,48% al 38,78% aumentando 11,4 puntos porcentuales el resultado anterior. Básicamente Vox ha llegado donde debió haber llegado la vez anterior en base a sus resultados nacionales. Y es que en esto de la política lo difícil no es aproximarte sino mantenerte cerca de la cumbre, pues a medida que la alcanzas se complica más la coronación (léase mayoría absoluta). Guardiola no ha coronado –de hecho nadie lo hace desde 2007– pero hoy esta más cerca que ayer de coronar.

María Guardiola durante la noche electoral del 21 de diciembre de 2025.
Definitivamente no ha sido una amarga victoria la que ha colocado al PP a 11 puntos del PSOE; 26 de Vox y 33 de PODEMOS. Y desde luego María Guardiola no está en peores circunstancias políticas que antes de las elecciones. Entonces bastaba una abstención de Vox para hacerla perder una votación, ahora necesitarán votar en contra y, por tanto, tendrá que retratarse en cada votación. Este clima de opinión que se intenta instalar en el consciente colectivo no es más que una maniobra para sacar un rédito político futuro.
Mal hará el PP si se deja llevar por los relatos interesados que puedan supeditar, primero, la investidura y, después, los posibles acuerdos de legislación. Los extremeños han expresado claramente su preferencia de Gobierno y, de paso, mostrado la puerta de salida a Pedro Sánchez. Es posible que le tiente la resistencia –bien sabemos que es lo que más le motiva, si no lo único– pero cada elección que pase le enterrará un poco más y con él al PSOE. De momento que María Guardiola disfrute de su dulce victoria.