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Sánchez, acorralado por el fuego amigo: una rebelión interna y el acoso de sus socios le llevan al límite

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A perro flaco todo se vuelven pulgas. El refrán no puede ser más acertado para la situación que atraviesa Pedro Sánchez. Y no por lo de perro, que también porque así se autodenomina él en redes sociales, ni por lo de flaco, que lo está y mucho, sino por lo de las pulgas. Todo se le vuelve en contra. Por suerte, habría que añadir, porque el objetivo nacional número uno para todo aquel que aprecie España es lograr que deje La Moncloa cuanto antes.

El descalabro electoral en Extremadura lleva su nombre. Por mucho que nos digan desde el PSOE que el partido está mejor, más vivo y más fuerte que nunca, la realidad es que nadie se lo traga. Es más, ese desapego con la realidad ha enfadado mucho a sus socios que viendo el hundimiento del barco empiezan a buscar botes salvavidas, cada vez con menos disimulo. Sumar, ERC - a través de Rufián- y Podemos han arremetido contra Sánchez en las últimas horas con dureza. 

Se ríe Rufián del inmovilismo de Sánchez y su falta de realismo que le ha llevado a no comentar siquiera el resultado de Extremadura, como si no fuera con él. "No ha nombrado a Gallardo portavoz de milagro", decía el portavoz de Esquerra. Desde Sumar creen que su "inmovilismo" le lleva al precipicio y Podemos, el más duro siempre, afirma que "este Gobierno está muerto". Solo Bildu, los proetarras de Bildu siguen fieles y leales. ¡Qué triste!

En ese panorama de abandono progresivo de sus socios, Sánchez recibe fuego desde dentro del partido. El exministro Jordi Sevilla, que lleva meses dando guerra, afirma ahora que tiene listo para después de Reyes un manifiesto en el que se denuncia la deriva populista, "podemita", dice él, del PSOE sanchista y que quiere recuperar el PSOE clásico, el moderado y socialdemócrata. 

Traducido, quiere echar a Sánchez desde dentro para poner a otro. Difícil, casi imposible, por que el actual secretario general se ha encargado de controlar el partido de cabo a rabo, pero en todo caso una amenaza y, sobre todo, una evidencia de que el perro flaco tiene muchas pulgas, incluso dentro del propio PSOE.