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España no tiene miedo a Abascal

El presidente de Vox, Santiago Abascal en un mitin de campaña en Plasencia

El presidente de Vox, Santiago Abascal en un mitin de campaña en PlasenciaVox Extremadura

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Durante años, el sanchismo ha reducido la política a un truco gastado: señalar a Vox, gritar “extrema derecha” y esperar que el miedo haga el resto. No gobiernan; asustan. No convencen; advierten. No explican; señalan.

Extremadura ha desmontado ese teatro.

El 60 % de los extremeños ha votado a PP y Vox. Sin aspavientos. Sin complejos. Sin miedo. No ha sido un voto radical. Es un voto sereno, mayoritario y perfectamente consciente.

Cuando una mayoría tan amplia se expresa así, el problema no es Vox. El problema es quien lleva años insultando a sus votantes.

La izquierda ha querido convertir cada elección en un plebiscito moral. O estás conmigo, o eres un peligro. O tragas, o eres fascista. Pero ese discurso se ha agotado.

Ahora la pelota está en el tejado del centro-derecha. Y no vale mirar hacia otro lado.

PP y Vox no son lo mismo. No piensan igual en muchas cosas. No tienen la misma cultura política ni el mismo estilo. Pero la gente, una y otra vez, les dicen algo muy concreto: entiéndanse. No para diluirse. Ni para fingir unanimidades. Sino para explorar lo que comparten sin exasperar lo que les separa.

La aritmética no es ideológica. Es democrática. Y cuando una mayoría tan clara pide cambio, bloquearlo sería una irresponsabilidad.

El sanchismo ha querido levantar muros. Extremadura hace unos días ha votado puentes. No entre partidos, sino entre sentido común y gobierno posible.

Seguir llamando “extrema derecha” a millones de ciudadanos ya no sirve para ganar elecciones. Solo sirve para perderlas con estrépito. Y para demostrar que quien reparte carnés morales no entiende al país.

A.M. BEAUMONT

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