Cuando no hay nada que contar

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece en la Comisión de Investigación sobre el 'caso Koldo' en el Senado.EDUARDO PARRA / EUROPA PRESS

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Hay días en los que no apetece escribir una mirilla. Y no es pereza. Es otra cosa. Es la sensación de que la política no está diciendo nada nuevo. De que gira sobre sí misma como un trompo gastado. Los mismos gestos. Las mismas frases. Los mismos fingidos escándalos que duran lo que tarda otro en ocupar su sitio. Hay días en los que la actualidad no empuja, no muerde, no provoca. Y forzar una opinión sería hacer justo lo que criticamos: repetir ruido.

Llevo muchos años en esto. Los suficientes para saber que no siempre escribir es informar. A veces, escribir es rellenar. Y el periodismo no está para rellenar huecos, sino para alumbrar verdades, aunque sea con una linterna pequeña. Hoy la política vive de la repetición. De la consigna. Del titular reciclado. Del vídeo pensado para indignar durante diez minutos y desaparecer después. Todo es urgente. ¿Todo es trascendental? Casi nada importa.

Se grita mucho porque no se tiene nada que decir. Se señala con saña porque no se gobierna. Se dramatiza, porque no se convence. Y en ese escenario, el periodista corre un riesgo: convertirse en eco. En ser un altavoz automático de la política vacía. Osea, notario del ruido. 

Por eso hay días en los que lo más honesto es parar un segundo. Mirar alrededor. Escuchar el silencio que no sale en las tertulias ni en las redes. El silencio que no es indiferencia, sino hartazgo. España no está anestesiada. Está cansada. Harta de que le expliquen lo que piensa. Estupefacta viendo que le dicen a quién debe temer. Enfadada de una política que confunde conflicto con liderazgo y ruido con autoridad.

Cuando la política no produce ideas, produce gestos. Si no ofrece soluciones, ofrece culpables. Si no se tiene proyecto, se tiene relato. Y el relato, sin hechos detrás, acaba agotando incluso a quienes lo fabrican. Hay días sin mirilla porque la actualidad no manda. Ya que escribir es traicionar el oficio. El silencio, a veces, también es una forma de contar lo que está pasando: que el poder se ha quedado sin palabras y sigue hablando.

Mañana volverá el tema. Miraré escándalo. La frase grandilocuente. Siempre hay algo. Pero hoy permitidme recordarlo: el periodismo no consiste en escribir todos los días, sino en saber cuándo merece la pena hacerlo. Hoy, quizá, la noticia es precisamente esa. Perdón. A.M. BEAUMONT