enfoques del director
A Sánchez y Zapatero le salen las cuentas en China, pero a España no: negocio ruinoso y poco ético
El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, tiene querencia por los dictadores y, probablemente también, por el dinero de los dictadores. No solo con el régimen venezolano, también con el chino. Y lo peor es que parece que ha logrado arrastrar a Pedro Sánchez -y en consecuencia a España- en su deriva hacia esos dos países tan cuestionables.
Veamos. Pedro Sánchez ha visitado China tres veces en lo que va de legislatura, siempre con José Luis Rodríguez Zapatero como sombra discreta pero influyente. El expresidente, arquitecto de la "Asociación Estratégica Integral" con Pekín desde 2005, hoy dirige el Gate Center, un lobby prochino que comparte sede en Madrid con empresarios del gigante asiático y mantiene vínculos con Huawei a través de la consultora Acento.
¿Y qué ha ganado España con tanto viaje y tanto abrazo? Nada. Absolutamente nada. El déficit comercial con China no para de crecer: 36.270 millones en 2023, 37.707 en 2024 y ya más de 35.000 en los primeros diez meses de 2025, camino de superar los 40.000 millones anuales. Exportamos migajas (apenas 7.500 millones en 2023) e importamos una avalancha que amenaza con desplazar a Alemania como nuestro principal proveedor.
Por el contrario, las inversiones chinas en España brillan por su ausencia: solo 378 millones en los últimos tres años, frente a los 6.745 millones de Estados Unidos o los casi 4.000 de Francia y Alemania. Mientras, Sánchez prioriza Pekín sobre Washington —una sola visita a EE.UU. en el mismo periodo— y debilita nuestras alianzas atlánticas y europeas.
A Zapatero y a Sánchez les salen las cuentas personales: puertas giratorias, lobbies opacos, influencia y, presumiblemente, generosos honorarios. Pero a España le sale ruinoso: dependencia creciente, pérdida de soberanía industrial y alineamiento con un régimen autoritario que no juega limpio.
Un ejemplo palmario es el cambio de postura de Sánchez sobre la importación de coches eléctricos chinos: tras uno de sus viajes a ese país, pidió públicamente "reconsiderar" los aranceles que la UE impuso para proteger la industria europea, contradiciendo la posición inicial de España y debilitando la línea comunitaria, todo ello pese a las subvenciones chinas que distorsionan el mercado.
¿A quién benefician realmente estos viajes? ¿Qué han recibido a cambio de facilitar tanto las cosas a los chinos? El PP debería ahondar en este asunto y exigir respuestas. Porque esto, con la trayectoria conocida ambos personajes, huele muy mal.