editorial
Maduro cae y Venezuela tiene una oportunidad que Trump no puede estropear

Celebración por la captura de Nicolás Maduro en la Puerta del Sol de Madrid
La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en Venezuela marca un punto de inflexión histórico. Es una operación que merece aplausos rotundos: eficaz, con mínimo derramamiento de sangre y dirigida contra un régimen que ha sumido al país en la miseria y la represión. No cabe ahora invocar la legalidad internacional como excusa para criticarla. El chavismo nunca la respetó; violó sistemáticamente los tratados, las normas globales y, sobre todo, los derechos fundamentales de los venezolanos. Torturas, desapariciones, fraudes electorales y narcotráfico han sido su sello. ¿Por qué defender ahora un "orden" que ellos mismos destruyeron?
Los venezolanos, tanto los que resisten en el país como los más de ocho millones de exiliados dispersos por el mundo, han recibido la noticia con alegría y esperanza mayoritaria. Es el fin de un tirano que robó elecciones y vidas. Sin embargo, la euforia debe dar paso a la responsabilidad. Donald Trump, en su rueda de prensa, prometió "dirigir" el país hasta garantizar "una transición segura y adecuada". Suena acertado, pero con estrictas condiciones. Primero, que sea lo más breve posible, limitada a restaurar la paz y evitar el caos. Segundo, y crucial, que Edmundo González sea proclamado presidente de inmediato. Él ganó las últimas elecciones con claridad abrumadora, según observadores independientes. Cualquier atajo que ignore esto generará un déficit de legitimidad irreparable.
Pretender que Delcy Rodríguez, cómplice directa de los delitos de Maduro, lidere la transición es una aberración moral y una injusticia flagrante. Las palabras de Trump parecen precipitadas, ya que el régimen no ha colapsado del todo. Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello han dejado claro que no cederán el poder sin lucha. Trump amenazó con un "segundo ataque mucho mayor" si resisten. Veremos si cumple.
España debería alinearse sin rodeos con la intervención militar de EE.UU. que ha derrocado al tirano. Pero con un Gobierno socialista equidistante y la extrema izquierda de Sumar, llena de militantes chavistas, parece imposible. Más bien, esperemos lo contrario: condenas hipócritas y defensa velada del viejo orden. Venezuela tiene una oportunidad única; Trump no puede estropearla con improvisaciones. La democracia plena, con González al frente, es el único camino aceptable.