Maduro cae y Sánchez vive en los mundos de Yupi

La detención de Nicolás Maduro ha eclipsado la política nacional. Pero ha dejado algo aún más visible: la incomodidad de quienes durante años lo blanquearon.
Maduro no se convirtió ayer de golpe y porrazo en dictador. Llevaba muchos años siéndolo. Con elecciones amañadas, presos políticos, exilio, hambre y narcotráfico. Y, mientras tanto, la izquierda española miraba a otro lado. Zapatero como mediador. Podemos y Pablo Iglesias como coartadas. El progresismo europeo, incluido nuestro presidente, de comparsa.
Hoy, cuando el relato ya no aguanta, nadie da explicaciones. Ninguno pide perdón. Ni reconoce el error. Simplemente callan. O actúan estúpidamente, como Sánchez ofreciéndose de mediador. Como si no hubiera pasado nada. Como si Estados Unidos fuese a olvidar sus alianzas con regímenes dictatoriales y la izquierda más radical.
No se equivocaron. Eligieron. Decidieron no denunciar porque el tirano era de su cuerda. Porque admitir lo evidente era aceptar que el problema no era el sistema, sino el poder sin límites.
Maduro está preso. Las excusas también. Y el balbuceo o el grito histérico, retrata a todos esos políticos que siempre han callado.
A.M. BEAUMONT