enfoques del director
Sánchez cae en su propia trampa: el PP, las críticas internas y el 'choteo' de sus socios le hunden
Pedro Sánchez creyó que podía comprar la lealtad de ERC con una inyección de 4.700 millones de euros adicionales para Cataluña, pero su maniobra hace aguas por todas partes. El acuerdo, anunciado este jueves por Oriol Junqueras tras su reunión en La Moncloa, solo satisface a los republicanos catalanes, que lo celebran como un "buen acuerdo en el que nadie pierde y todo el mundo gana". Sin embargo, el resto del panorama político lo ve como un atropello a la igualdad territorial, condenando el pacto a un probable fracaso en el Congreso.
El PP ha salido en tromba contra esta cesión. Alberto Núñez Feijóo acusa a Sánchez de "jugar con la igualdad de los españoles" y de convertir La Moncloa en "una casa de empeños para apuntalar un gobierno en ruinas". Peor aún, Juan Bravo, vicesecretario económico popular, lo tacha de "corrupción política", al "coger el dinero de unos para dárselo a otros". Las comunidades gobernadas por el PP ya anuncian recursos legales, denunciando un agravio intolerable.
Pero el fuego amigo dentro del PSOE es aún más demoledor. Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, lo califica de "el mayor quebranto a la ideología del Partido Socialista de toda su historia", advirtiendo que no permitirá "ningún tipo de privilegios" y que cruza "la línea roja de la igualdad" prohibida por la Constitución. Adrián Barbón, líder asturiano, exige a través de su consejero de Hacienda, Guillermo Peláez, la convocatoria inmediata del Consejo de Política Fiscal y Financiera, insistiendo en que la financiación "no puede ser un contrato de adhesión" y debe garantizar la igualdad en servicios públicos.
Incluso los socios de investidura de Junts se chotean del acuerdo por insuficiente. Josep Rius, portavoz, lo despacha como "un poco más de café, pero sigue siendo para todos", ya que "Madrid continúa teniendo la llave de la caja" y no resuelve el déficit fiscal catalán. Sin su apoyo, el pacto está abocado al fracaso parlamentario.
Sánchez se enreda en su propia tela de araña: lo que pretendía ser un salvavidas se convierte en un lastre que erosiona su liderazgo, divide a su partido y alimenta el descontento nacional. ¿Cuánto más aguantará este equilibrismo?