enfoques del director
Ábalos tiene una forma de vengarse de Sánchez desde prisión: un voto que vale oro
Pedro Sánchez navega en un mar de tormentas, con mil problemas acechando su Gobierno Frankenstein. Inflación desbocada, tensiones internacionales, descontento social y un PSOE en horas bajas. Pero entre todos, José Luis Ábalos emerge como uno de los más gordos, un fantasma que ronda Moncloa y Ferraz con potencial destructivo. El exministro, ahora entre rejas por el escándalo de las mascarillas y corrupción en el Ministerio de Transportes, podría sufrir un "ataque de sinceridad" que haga temblar los cimientos del poder sanchista. ¿Qué secretos guarda sobre reuniones en Delcygate, fondos europeos o tramas internas? Su silencio es oro para Sánchez, pero la prisión puede aflojar lenguas.
Sin embargo, el verdadero puñal es más sutil: el voto de Ábalos como diputado del PSOE. Aunque encarcelado, conserva su escaño –por ahora–, pero no puede ejercerlo. Ese sufragio "secuestrado" altera las frágiles mayorías en el Congreso, donde Sánchez depende de equilibrios precarios con independentistas y nacionalistas. El destino, caprichoso como siempre, podría jugar una mala pasada en la inminente votación sobre la nueva financiación autonómica.
Recordemos: Sánchez ha pactado con Oriol Junqueras (ERC) un modelo que inyecta casi 5.000 millones adicionales a Cataluña, un privilegio que supone un agravio comparativo flagrante para el resto de comunidades. Andalucía, Valencia o Madrid claman contra este "cuponazo" encubierto, que prioriza el chantaje catalán sobre la equidad territorial. Si Junts, el partido de Puigdemont, opta por la abstención –algo probable tras sus críticas feroces al acuerdo, tildándolo de insuficiente–, y el resto de socios (PNV, Bildu, BNG) se mantiene leal, el hemiciclo podría empatar a 171 votos.
Según el Reglamento del Congreso, un empate obliga a repetir la votación hasta tres veces. Si persiste, la ley queda rechazada. Imaginen la escena: Sánchez, el maestro de la supervivencia, hundido por el voto ausente de su excompañero. Ábalos, desde su celda, se vengaría sin mover un dedo. Ironía poética en la política española, donde un preso puede valer más que un presidente.