editorial
El accidente de Adamuz, metáfora del sanchismo: decadencia, incapacidad, corrupción
El Ministerio de Transportes, epicentro del mayor escándalo de mordidas de la democracia reciente -la trama Koldo-, vio cómo su anterior titular, José Luis Ábalos, terminaba en prisión

Pedro Sánchez, Óscar Puente, Fernando Grande-Marlaska y María Jesús Montero a su llegada a la caseta municipal de Adamuz
El accidente ferroviario de Adamuz, ocurrido el pasado domingo en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla, se ha convertido en una trágica metáfora del sanchismo en su etapa más decadente. Con al menos 43 fallecidos y más de un centenar de heridos tras el descarrilamiento de un tren Iryo que invadió la vía contraria y colisionó con un Alvia, España ha asistido atónita al peor siniestro ferroviario en más de una década. Un tramo renovado en 2025, supuestamente con los más altos estándares de seguridad, se rompe de forma inexplicable en una recta, con trenes modernos y dentro de límites de velocidad. Lo que debería ser un sistema puntero se revela como frágil y vulnerable.
Esta catástrofe no es un mero azar técnico. Es el resultado acumulado de una gestión marcada por la incapacidad, la opacidad y, sobre todo, la corrupción rampante. El Ministerio de Transportes, epicentro del mayor escándalo de mordidas de la democracia reciente -la trama Koldo-, vio cómo su anterior titular, José Luis Ábalos, terminaba en prisión por cohecho y blanqueo. La expresidenta de Adif, Isabel Pardo de Vera, imputada por amaños en adjudicaciones millonarias. Y precisamente en ese ministerio se firmaron y supervisaron las obras del tramo de Adamuz, adjudicadas a empresas salpicadas por la misma red clientelar que repartía comisiones a cambio de contratos públicos.
Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez evade responsabilidades y el ministro Óscar Puente califica el suceso de “raro y difícil”, la oposición -con Vox a la cabeza- denuncia con crudeza lo evidente: la corrupción mata. Avisos ignorados de maquinistas, revisiones que no detectaron defectos fatales y una cadena de mando contaminada por intereses privados dibujan el retrato de un Estado debilitado por años de nepotismo y saqueo. Adamuz no es solo un descarrilamiento: es el colapso simbólico de un modelo que priorizó el enchufismo sobre la seguridad, el relato sobre la realidad y el poder personal sobre el bien común.