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Sánchez planta a las víctimas de Adamuz en el funeral y el Gobierno entra por la puerta de atrás

La cobardía de Sánchez y la entrada por la puerta de atrás de los ministros que representaban al Gobierno son una metáfora perfecta de lo que tenemos en España

Pedro Sánchez

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Huelva se convirtió en escenario de un dolor colectivo que trasciende lo personal para convertirse en símbolo de lo que une —o debería unir— a una sociedad. En el Palacio de Deportes Carolina Marín, miles de personas, entre ellas más de 330 familiares directos de las 45 víctimas mortales del trágico descarrilamiento ferroviario en Adamuz (Córdoba), se congregaron para despedir a sus seres queridos en una misa funeral presidida por los Reyes Felipe VI y Doña Letizia, concelebrada por el obispo de Huelva y otros prelados.

Fue un acto de profunda emoción, donde las palabras de una hija de una víctima resonaron con fuerza: el único funeral que cabía era aquel con la presencia de Dios, no de presidencias impostadas. Los Reyes, entrando por la puerta principal bajo la lluvia, recibieron aplausos y vivas, en un gesto de cercanía y respeto que contrastó con la frialdad institucional.

Mientras tanto, el Gobierno de Pedro Sánchez optó por una estrategia distinta: plantar a las víctimas. El presidente no asistió, ausentándose una vez más en un momento de luto nacional, en lo que ya se ha convertido en un patrón preocupante. Sus representantes —la vicepresidenta María Jesús Montero y los ministros Luis Planas y Ángel Víctor Torres— prefirieron acceder por una puerta lateral, esquivando a los ciudadanos agolpados en la entrada principal, superando incluso medidas de seguridad para evitar cualquier contacto o posible reproche.

Este gesto no fue casual. Revela un cálculo político que prioriza la imagen sobre el acompañamiento real. En una tierra profundamente católica y sensible como Huelva, donde 28 de las víctimas residían, el Gobierno no solo evitó el enfrentamiento con el dolor colectivo, sino que pareció huir de él. Mientras los Reyes consolaban a los familiares durante casi una hora, los representantes del Ejecutivo saludaron en silencio a las autoridades y se mantuvieron al margen.

La cobardía de Sánchez y la entrada por la puerta de atrás de los ministros que representaban al Gobierno son una metáfora perfecta de lo que tenemos en España: un Ejecutivo que ha perdido el apoyo social, la calle, las encuestas y el discurso, pero que resiste como puede, aferrado al poder a pesar de todo.

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