enfoques del director
Sánchez, en pánico, sacrifica a Pilar Alegría con una estrategia para hinchar a Vox en Aragón: su última baza
Pedro Sánchez piensa primero y ante todo en Sánchez. Después, en Pedro. Y en tercer lugar, en Pedro Sánchez Castejón. Esta máxima, que define su narcisismo político, se confirma una vez más con la decisión suicida de aprobar una regularización masiva de inmigrantes en plena campaña electoral aragonesa. Más de medio millón de "papeles para todos", basados en una Iniciativa Legislativa Popular de Cáritas, que el Gobierno saca adelante por decreto para evitar el rechazo parlamentario. Todo ello, en medio de la crisis por el descarrilamiento de Adamuz, con 46 muertos que acorralan al ministro Óscar Puente y evidencian el caos ferroviario bajo su mandato.
Pero Sánchez no actúa por convicción humanitaria ni por lealtad al PSOE. Lo hace pensando exclusivamente en sí mismo, sacrificando sin piedad a su candidata en Aragón, Pilar Alegría, quien se enfrenta a una debacle histórica: el PSOE podría caer de 20 escaños a apenas unos pocos, con la izquierda fragmentada. La regularización, presentada como un eco de la de 2005 bajo Caldera, endurece el debate migratorio y beneficia directamente a Vox. Santiago Abascal ya lo celebra en redes, acusando de "acelerar la invasión", y sus fuentes admiten que drena votos del PP hacia la ultraderecha.
¿Por qué esta jugada kamikaze? Las encuestas sitúan al PP de Jorge Azcón al borde de una mayoría alternativa con PAR y Teruel Existe. Si Vox sube en esta recta final hacia el 8 de febrero, Azcón se vería obligado a pasar por la aduana de Abascal para gobernar. Así, Sánchez resucita su argumento favorito: "¡Viene el lobo, la ultraderecha, la Guerra Civil, el acabose!". Es la baza que le salvó en 2023: perdió las elecciones ante Feijóo, pero formó Gobierno con toda la morralla independentista y populista que le cuelga.
En pánico ante un posible giro en Aragón que anticipe derrotas en Castilla y León, Sánchez hincha a Vox para polarizar y sobrevivir. No le importa el partido, ni Alegría, ni España. Solo su permanencia en Moncloa. Una estrategia desesperada que revela su egoísmo patológico: Sánchez por encima de todo.