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Aragón y la gran derrota de Sánchez

La candidata del PSOE a la Presidencia al Gobierno de Aragón, Pilar Alegría, ofrece una rueda de prensa tras el cierre de la noche electoral, en la sede autonómica del PSOE, a 8 de febrero de 2026, en Zaragoza, Aragón (España).  Marcos Cebrián / Europa Press 

La candidata del PSOE a la Presidencia al Gobierno de Aragón, Pilar Alegría, ofrece una rueda de prensa tras el cierre de la noche electoral, en la sede autonómica del PSOE, a 8 de febrero de 2026, en Zaragoza, Aragón (España).  Marcos Cebrián / Europa Press 

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A esta hora, lo verdaderamente importante no es el problema del PP ganador con Vox al alza.

Lo decisivo es otra cosa: el hundimiento del PSOE.

El Partido Socialista no pierde solo unas elecciones. Se encoge. Se vuelve irrelevante en territorios donde durante décadas fue un partido natural de gobierno.

Vocea. Pero grita sin saber si alguien le escucha.

La crisis del socialismo español, tras años de desafortunado sanchismo, es tan profunda que resulta imposible saber dónde está el suelo. Y más difícil aún saber si, cuando llegue, quedará fuerza para levantarse.

Esto ya no es un tropiezo. Es un cambio de ciclo.

Un ciclo que no ha empezado en Aragón ni en Extremadura (ahora Génova debe valorar mejor lo conseguido por María Guardiola) pero que en lugares como estos se ve con nitidez. Cuando un partido pierde conexión con la realidad social, el retroceso no se detiene de golpe. Continúa. Elección tras elección.

Mientras tanto, el PP gana, pero el mapa obliga a entenderse con Vox. Ese es el otro dato relevante de la noche aragonesa.

La cuestión no es si pactarán. La cuestión es cómo.

Si convertirán sus acuerdos en un modelo estable de gobierno o si optarán por una fórmula más simple: que la fuerza más votada gobierne y la otra facilite.

Feijóo y Abascal compiten, pero no ignoran que comparten un terreno amplio en cuestiones esenciales. Y saben también que una parte muy significativa del electorado les pide algo elemental: que se entiendan para cerrar una etapa.

Porque, en el fondo, eso es lo que ha ocurrido en Aragón: no solo ha habido un ganador. Ha habido un rechazo.

El rechazo a una forma de gobernar basada en el conflicto permanente, en la propaganda, la falsedad y en la supervivencia de Sánchez como único proyecto.

Pedro Sánchez ha convertido seguir en La Moncloa en método.

Pero resistir indefinidamente cuando el país real empieza a marcharse, es un suicidio.

Aragón no es el final de nada. Es el gran aviso de la enorme derrota del PSOE que viene.

A.M. BEAUMONT

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