LA MIRILLA
Sánchez me da asco

Pedro Sánchez se fotografía con una mujer en un mitin del PSOE en 2022.
Durante años el desgaste de Pedro Sánchez se medía en encuestas. Hoy empieza a verse en otra cosa: en la calle… y en las urnas.
Primero fue el enfado. Después el cansancio. Ahora aparece un sentimiento más profundo, más difícil de revertir: el asco.
No es una palabra elegante. Pero es la que se oye.
Se escucha cuando se habla de pactos incomprensibles, de cesiones sin límite, de escándalos corruptos que se tapan con otros escándalos, de ineficacia, de un Gobierno incapaz de aprobar presupuestos y obligado a gobernar a golpe de decreto como si la normalidad institucional fuese un lujo prescindible.
Se oye también cuando se comprueban los resultados.
Sánchez ha sido derrotado en Galicia, en Extremadura y ahora en Aragón. En el País Vasco y en Cataluña, el PSOE ha quedado por detrás de los nacionalistas que marcan la agenda y fijan el precio del poder.
Ese es el mapa real.
Cada vez que se abren las urnas ocurre lo mismo: el voto se desplaza, el espacio socialista se encoge, el país se mueve. No por entusiasmo hacia otros, sino por rechazo hacia quien gobierna.
Ese es el dato decisivo de nuestro tiempo político.
No estamos ante un ciclo ideológico. Estamos ante un ciclo emocional.
Y cuando la política entra en ese terreno, los discursos dejan de servir. Porque nadie convence a quien ya no quiere escuchar.
Sánchez insiste en hablar de mayorías progresistas mientras su poder depende de equilibrios cada vez más frágiles. Insiste en presentarse como un dirigente fuerte cuando cada elección muestra lo contrario. Insiste en el relato cuando la realidad ya no lo sostiene. Asco, esa es la realidad.
El problema no es que pierda apoyos. El problema es que no tiene ya el respeto. Y eso, en política, es el final.
Hay votantes que nunca habrían mirado a VOX y hoy lo hacen, no por convicción ideológica, sino por desconfianza hacia la capacidad del PP para cerrar definitivamente esta etapa sanchista. Ese dato, incómodo para todos, describe mejor que ninguna encuesta el clima del país.
El enfado desgasta. El asco rompe.
A.M. BEAUMONT