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Cárcel de tela

Una mujer musulmana, vistiendo un niqab

Una mujer musulmana, vistiendo un niqabDPA vía Europa Press

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El pasado martes se produjo el debate sobre la prohibición del burka y del niqab en lugares públicos, en el Congreso de los Diputados. Durante el debate la portavoz del Grupo Popular, Ester Muñoz, utilizó una frase para describir estas prendas que causó gran impacto en el pleno, hizo referencia a que las mujeres que utilizan estas prendas están encerradas en una “cárcel de tela”. La rotundidad de la frase me produjo, a mi personalmente, un escalofrío al intentar hacerme una idea del sufrimiento de muchas mujeres que se ven obligadas a usar unas prendas que las invisibilizan en la sociedad.

Pero lo más sorprendente fue que los “muy progresistas y feministas” diputados de la izquierda votaran en contra impidiendo que se aprobara una medida que toda sociedad democrática debe acoger en su legislación. La excusa que dieron socialistas, comunistas e independentistas es que era una propuesta xenófoba, que iba contra la libertad religiosa y, sorprendentemente, que a las mujeres no se les podía decir como debían de ir vestidas.

Sus lamentos cínicos proferidos durante el debate sufrieron una enmienda a la totalidad durante el akelarre llevado a cabo por esa misma izquierda en la puesta de largo de Rufián como presunto líder de la extrema izquierda. En dicho acto, bendecido por la intelectual Sarah Santolalla, se denunció el uso del burka y del niqab como una aberración humillante para la mujer, ¡y acababan de votar hace unas horas en contra de la prohibición!

La sociedad española no puede mirar a otro lado mientras las mujeres iraníes son asesinadas por quitarse el burka o el nikab, tampoco cuando en Afganistán se acaba de reformar el Código penal legalizando el golpear a una mujer, siempre y cuando no se vean las heridas. Evidentemente la “cárcel de tela” sirve de escondite para legitimar las palizas. La izquierda es totalmente insensible ante los testimonios de mujeres, como la periodista afgana Khadija Amin, que relatan su humillación por ser obligadas a vivir bajo esa “cárcel de tela” que es el burka y el niqab, pero esa izquierda cínica considera que ayudar a esas mujeres a salir de la cárcel en la que viven es, simplemente, xenófobo.

La izquierda no ha explicado por qué en el pleno del Congreso afirmaron que permitir estas prendas era progresista, aunque un día después dijo lo contrario. Tampoco ha aclarado, hasta el momento, porqué es xenófobo denunciar que hay mujeres borradas e invisibilizadas por el mero hecho de serlo. Como justificación hemos escuchado a Yolanda Díaz afirmar que esta medida es inconstitucional, olvidando que una ley similar se ha aprobado en Francia, Austria, Países Bajos o Dinamarca, naciones que no se les puede acusar de “fachas”, aunque en la deriva verborreica de esta política menguante lo podemos esperar todo.

Otro “gran intelectual” de la izquierda que es el portavoz socialista Patxi López aseguró que el burka y el niqab forma parte de la libertad religiosa. Esta afirmación es una barbaridad ya que estaría justificando la ablación del clítoris a las niñas, porque algunos la realizan a sus hijas alegando que es una práctica religiosa. Nunca una costumbre religiosa puede ir contra la dignidad de la mujer en una sociedad democrática, pero claro Patxi López, igual que Ábalos, Cerdán y Salazar, es socialista porque es feminista, y con esa frase intenta justificar cualquier barbaridad .

No comprendo porque esta izquierda no “ama a las mujeres”, utilizando el título del famoso libro del escritor Stieg Larson, porque les ha golpeado en lo más profundo de su dignidad con muchas de las leyes aprobadas como la ley del “si es si”, u ocultando escándalos como el de las pulseras “fake” antimaltrato, o intentando esconder las escenas de Salazar bajándose la bragueta en la Moncloa, los episodios de Ábalos y Koldo con mujeres prostituidas, el “tito Bernie” socialista canario y sus orgías con mujeres en clubs de Madrid, la denuncia por una terrible violación del DAO de la policía protegido por Marlaska, y ahora no parecerles denigrante la “cárcel de tela” que supone para la dignidad de las mujeres el burka y el niqab.

Lo sorprendente es que aún se extrañen de los resultados en las elecciones de Extremadura y de Aragón y no entiendan por qué cada vez les votan menos las mujeres y los jóvenes. La política de consentir “cárceles de tela” solo es un síntoma de la descomposición de una izquierda que cada vez es menos “progresista y feminista”.

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